44 Argentinos menos, 44 Héroes innecesarios más.
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44 Argentinos menos, 44 Héroes innecesarios más.

El 15 de noviembre se cumplieron dos años de la desaparición o hundimiento del Submarino Ara San Juan.


“Voces, sólo voces, como ecos Como atroces chistes sin gracia Hace mucho tiempo escucho voces Y ni una palabra”


El síndrome de la hoja en blanco viene con la fuerza de las olas del mar argentino y no deja que salgan las palabras desde otro lugar, que el del dolor.


La familia militar, del arma que sea, bien sabe de esas pérdidas y vuelve a la memoria un accidente aéreo ocurrido en 1995, cinco días después de la explosión de la Fábrica Militar de Rio Tercero en Córdoba un Fokker de la Fuerza Aérea argentina con 52 ocupantes a bordo cayó en las sierras de esa provincia, muriendo todos sus ocupantes que eran militares con sus familias que iban a una reunión de promoción en Córdoba.


Nunca hubo explicaciones, eran otros tiempos, nunca hubo justicia. El avión se estrelló, había una tormenta eléctrica y se acabó. La Fábrica Militar de Rio Tercero fue otra historia, que aun transcurre en las nubes judiciales, con resultados más indignantes que justos. Porque los militares responsables del área si fueron presos, los políticos que negociaron espuriamente con la vida y la muerte, no.


No se puede menos que sentir empatía ante estas tragedias, desde lo profundo de los componentes humanos de las Fuerzas Armadas, pudo ser cualquiera, en cualquier momento desde 1983 hasta ahora. El desmantelamiento, la carencia de mantenimiento y Jefes de Estado Mayor funcionales al gobierno de turno, que pierden el ascendente moral en sus tropas y en sus familias, ha sido moneda común. El estado en los años de democracia no fue capaz de transformar las Fuerzas Armadas en eficientes, dándoles dignidad a sus miembros, porque la dictadura ya paso, y sus responsables fueron o están siendo juzgados.


Cuando se lee o se escucha sobre el Ara San Juan, parece que le paso a un gobierno de otro país, la indiferencia, la indolencia, la maldad se suman a la falta de recursos a la hora de volar, navegar, o lo que sea que se haga como función propia de una fuerza.


La gente común piensa que era un riesgo que corrían por ser militares, sin detenerse a evaluar que estamos en tiempos de paz, y si corrían riesgos sabiendo que el submarino no estaba en condiciones, es porque no tenían otra opción. Navegaban por 212 pesos de viatico por día de navegación, hace dos años, a pesar de la inflación, tampoco cubría ni siquiera el desarraigo.


Los 44 tripulantes, son 44 argentinos menos, muertos, hundidos, en una fosa en el fondo del mar. El homenaje es importante pero no suple la ausencia, ni la carencia por la que pasan hoy sus viudas, sobre todo las económicas. La mayoría de los militares de grado de suboficiales cobra salarios por debajo de la dignidad de la tarea que realizan, con el agravante de que ese salario está compuesto por sumas no remunerativas, por lo que la mayoría se ve obligado a demandar al estado por pagarles en negro. Los submarinistas no eran la excepción. Hoy una pensión para una de sus viudas, solo sería una proporción de los ítems en blanco.


44 argentinos más que se fueron sin sentido, a los que salieron a buscar tarde, y esto esta detallado en la causa, de los que se ocultaron las comunicaciones que indicaban que estaban en peligro, que navegaban sin escolta, solos, como están hoy en el fondo del mar.


Eran militares, lo cual parece darle un menor valor a la tragedia, no iban a trabajar en un tren que no freno en once, ni eran los pibes del recital de Cromañón. Eran militares, como si formaran parte de una categoría diferente a la de los que murieron en otras tragedias, o como si por serlo se podían morir en cualquier momento. Una cosa es el trabajo de riesgo y otra muy distinta es poner en riesgo la vida por negligencias.


En el acto de la ciudad de Mar del Plata por el segundo aniversario, no participo ni el Presidente de la Nación ni el Ministro de Defensa, algunos camaradas de los 44 muertos, dijeron “ mejor” no los queremos ver aquí. No son palabras que salen de la razón, sino del dolor.


La sociedad, una buena parte de ella, ya casi ni los recuerda, no le interesa la responsabilidad ni los responsables, tan simple como que desaparecieron en el fondo del mar.


Ojala lleguen tiempos en que se cumpla con esas viudas, esos padres, esos hijos, que no sean submarinistas de otros países que hacen colectas para que a esos niños no les falte un juguete para navidad.


Las condecoraciones por mortem se guardan para recordar el dolor, la asistencia necesaria sirve para rearmar vidas, mejorarlas, hace que el mundo de esas familias sea un poco más justo.


La búsqueda de justicia es el mejor homenaje, que los funcionarios, los que sean, asuman la responsabilidad sin chicanas, sería un gran acto de amor a la Patria. Como el que tuvieron esos 44 que custodiaban la soberanía del mar a pesar de todo. Y se murieron haciéndolo. Son el ejemplo ascendente para jefes, funcionarios y autoridades políticas. Son ellos y no al revés como debió ser.


“el mar de quien siempre fue amigo y hermano; allí donde el abismo sus ondas dilata, su frente acarician los peces de plata, y yace callado tendido en la hondura con los ojos fijos mirando a la altura y ve sus antiguos fieles compañeros”


Por Aliicia Panero

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