Argentinos bajo fuego.
  • No somos nadie

Argentinos bajo fuego.

Argentina podría reflejar hoy el nombre de muchas películas: Atrapado sin salida, Bajo fuego, El regreso de los muertos vivos, y así podemos seguir llenando renglones.


La polarización alimentada desde los espacios mayoritarios que se disputan la presidencia el 27 de Octubre, ha causado daños que se analizan poco.


Uno de esos daños, es que los argentinos nos hemos perdido el respeto. De arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, de manera transversal y en todos los sentidos.


Las redes sociales, tan importantes en las campañas electoras desde la elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos para su primer mandato, que comenzó el 20 de Enero de 2009, son hoy en nuestro país el mayor foco de violencia entre esos partidos mayoritarios y sus adeptos.


No importa el tema de que se trate, las teorías conspirativas, quien llevo más gente a la calle, de quien es la calle, si hay micros o no, el tirarse los infiltrados que hacen destrozos en las marchas, las fake news, la siembra del pánico, pedir el ejército en la calle. Estas ideas pululan infectando el pensamiento, y provocando un espiral de violencia que por suerte y por ahora, queda en las redes.


No sabemos en esta polarización donde quedo aquel respeto a las minorías, uno de los pilares fundamentales de la democracia. Hoy leemos y muchas veces escuchamos, en los trabajos, o en cualquier conversación imputaciones hacia quienes minoritariamente piensan diferente a esas mayorías polarizadas.


Unos arrogándose, ser los mejores, los defensores de la Republica y la Democracia, sus dueños. Los distintos, esos que hoy apelan al peronismo, que señalaron como mal de los últimos 80 años para garantizar la Republica, llevando un candidato a vice un peronista, que fue el máximo defensor de la compañera de fórmula del otro candidato, de sus fueros, cuando extrañamente se pidió su detención cuando ya tenía esos fueros, tan solo unos pocos días después de jurar como senadora.


Los argentinos ya hemos visto algunos pactos y no sería una locura pensar que estemos frente a otro.


Por el otro frente, están los que ya gobernaron 12 años, o parte de ellos, aquellos a quienes en 2015 repudiaron con los votos y eligieron a los distintos. Cargados de hechos de corrupción, una corrupción que hoy parece importar poco, hay un cierto indulto popular. Tampoco escapan los “mejores” y “distintos” ni a sus familias, a los hechos de corrupción. Temas que deberá, en este último caso determinar la justicia, seguramente cuando cambien los signos políticos, lamentablemente.


Minoritariamente, hay gente que tomo distancia de esas opciones, y solo eso vale para los calificativos más virulentos, como traidores, cómplices, funcionales, zurdos, fachos, troskos, asesinos y mucho más.


En democracia, las mayorías, en ocasiones, deben ceder a la voluntad de las minorías. Si las mayorías no ceden nunca, si las mayorías imponen siempre su voluntad a las minorías, no hay respeto a las minorías, no hay respeto a las personas, no hay democracia. Los dueños de la garantía de la Republica deberían saberlo, porque ellos mismos, autodefiniéndose superiores, mejores, están atentando contra la esa República que dicen defender.


La polarización, nos ha llevado no solo a la falta de respeto, también a la falta de empatía, de una visión real de a dónde, hemos llegado.


El almacenero de un barrio humilde, que paga 30 mil pesos de luz, no sabe de las “brisas” que anuncia Diosdado Cabello, y no creo que le interese saberlo, porque tiene que sobrevivir, a diario, con una inflación galopante, con tarifas impagables y viendo la realidad de sus clientes que a veces van con 50 pesos a ver que les puede dar para que coman los chicos. El ejemplo del almacenero le cabe a muchos actores de la sociedad, y es solo eso, un ejemplo.


Un baño de realidad no le vendría mal a las mayorías, una al menos virtual, el país no es twitter, el país terminara el año con un 40 por ciento de pobres, de los que hipócritamente hablan pero por los que nadie hace nada. Ellos votan, y no son “el voto de los negros de mierda que prefieren comer o nadar en el barro o a vivir en la bosta”, como creen algunos, es mucho más complejo que eso.


Es que se los han usado, aquellos y estos sin distinción, para sus fines. Nunca hubo planes de rescatarlos.


El peor legado de esa polarización, es la autocensura que se han impuesto muchos que piensan diferente. Hay familias enteras divididas por la política, otras que ya no hablan de algunos temas para no generar rencores. En algunos casos ya no se habla con los amigos, prefiriendo callar, no opinar, para no ser agredidos y terminar agrediendo. La libertad de expresión es otro de los pilares de la Democracia y la República, y nos la hemos quitado a nosotros mismos.


La libertad de expresión se reconoce como un derecho humano en virtud del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) y se reconoce en el derecho internacional de los derechos humanos en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP). El artículo 19 de la DUDH establece que "todos tendrán derecho a opinar sin interferencia" y "todos tendrán derecho a la libertad de expresión, este derecho incluirá la libertad de buscar, recibir y difundir información e ideas de todo tipo, independientemente de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o impreso, en forma de arte, o por cualquier otro medio de su elección”


La libertad de expresión está consagrada en nuestra Constitución Nacional cuando establece que el derecho de expresión "no puede estar sujeto a previa censura sino a responsabilidades ulteriores" Nos estamos censurando a nosotros mismos.


El voto, sigue siendo secreto, y no es obligación manifestarlo previo a la veda, por ningún motivo, hoy eso es una protección a ataques desenfrenados por bandos virtuales. Nos hemos quitado a nosotros mismos el derecho a opinar, a decir, a defender lo que pensamos políticamente.


El día posterior a las elecciones, no será fácil, gane quien gane, para nadie, soplan los aires difíciles. Empezar a bajar el tono de la agresión, permitirnos nuevamente opinar sin autocensura, será un gran paso para recuperar ese respeto que nos perdimos.


Votemos en libertad, sin prejuicios, ni juicios a quienes votan de una u otra manera. Estar frente a la urna es un momento privadísimo de cada ciudadano. La Democracia es también el juego de esperar en paz el recambio.


Por Alicia Panero

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