• Constanza Marini

El liderazgo brasilero: ¿La respuesta a la integración sudamericana?

Brasil puede ser considerado uno de los países más poderosos y grandes de Sudamérica. Esto se puede ver reflejado en términos de sus gastos militares, los recursos naturales que posee, su economía es una de las principales en la región, cuenta con una de las superficies más grandes y pobladas de Latinoamérica (aproximadamente 190.732.694 habitantes). A nivel internacional presenta una mayor participación como miembro de las Naciones Unidas, así también como del G20, y posee diversos acuerdos de libre comercio. Con todo lo expuesto se puede pensar que Brasil es un país líder en la región dado a su crecimiento económico, reducción de la pobreza y desigualdad (previo a la pandemia), y su mayor participación en el escenario internacional (Mouron, 2012, pág. 3). Sin embargo, y sin minimizar la importancia y la influencia que ejerce Brasil, su liderazgo todavía no ha sido asentado en la región y esto es de suma importancia para poder lograr una integración Sudamericana, ya que si Brasil no acentúa tal liderazgo es probable que no haya otro país capaz de llevar a cabo esta tarea.




Pero entonces… ¿A qué se debe este débil liderazgo ejercido por Brasil?


En primer lugar, el presunto poco liderazgo ejercido por Brasil, se debe a que no presenta la voluntad de asumir tal compromiso. A pesar de que tiene la intención de contribuir con el orden y la estabilidad de la misma, “se ha mostrado reacio a compartir su poder y delegar la toma de decisiones en los organismos regionales y a convertirse en el pagador regional que proporciona bienes públicos colectivos” (Merke, 2015, pag. 183). Es decir, al no estar predispuesto a generar instituciones regionales que creen normas de comportamientos y objetivos comunes en todos los países de la región, se puede pensar que no está preparado para afrontar los costos que implica ser el líder de América del Sur, ya que “liderazgo no es únicamente el ejercicio del poder, sino que también envuelve la habilidad de proyectar un set de objetivos y principios en común que permiten al grupo de Estados definir y procurar sus intereses de manera concertada” (Ikenberry John, 1996: 396)



En segundo lugar no hay un consenso al interior del país. Esto se debe a que las elites existentes en Brasil, no están conformes con la idea de que su país lidere Sudamérica debido a las inestabilidades, crisis políticas, crisis económicas y otras problemáticas que presentan los demás países (Spektor Matias, 2010: 29). En mi opinión, para las elites brasileras, asumir esta responsabilidad podría suponer un retroceso en los avances logrados por Brasil en cuanto a su mayor participación en el comercio internacional, a la vez que, al estar implicado en un contexto con mayores crisis políticas e institucionales, podría provocar que la participación en los distintos encuentros internacionales, como por ejemplo el G20, disminuya dado a la inestabilidad que presentaría la región que lidera (si llegara a asumirse como líder), perdiendo así cierto poder de influencia y el creciente posicionamiento en el escenario internacional que fue consiguiendo a lo largo de los años.


En tercer lugar, el resto de los países no ven en Brasil un líder. “Sus potenciales seguidores (Argentina, Colombia, Venezuela, etc) no se han alineado a sus principales objetivos, a saber, alcanzar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, colocar a un brasilero como Director General de la OMC y ocupar la presidencia del BID”, esto a su vez se relaciona con la idea de que “la política externa brasilera no ha trasladado los recursos estructurales e instrumentales del país en un liderazgo regional efectivo “ (Malamud Andrés, 2011: 1). Si Brasil fuera considerado un país líder de la región, los demás países que también pueden considerarse de gran influencia, actuarían en conjunto para contrarrestar el poder del mismo, sin embargo, esto no ha sucedido ya que no hay una alianza clara en contra de Brasil y tampoco una inversión económica nacional sustancial que implique cierta amenaza para el Estado brasilero.


A su vez, si bien Brasil tiene un gran peso en la región, la implementación de su liderazgo se ve limitada por poderes secundarios que no reconocen plenamente los reclamos de Brasil. Esto se pudo ver reflejado en la crisis de gas de Bolivia, cuando Brasil se vio limitado por el discurso boliviano que caracterizó a Brasil como un “Estado imperial”, poniendo a las audiencias regionales y nacionales contra Brasil, logrando que el país se adapte a las demandas bolivianas y transforme su rol dominante en la región. (Sá guimãraes & Egon M., 2017)


En relación a lo expuesto en el párrafo anterior, ¿Por qué los Estados Sudamericanos no se encuentran en una competencia para contrabalancear el poder de Brasil, o por el contrario, compitiendo para asumir el rol de liderazgo de la región? Los países de América Latina en realidad se comportan en base a la lógica de la concertación. La misma es definida como una “forma flexible de organización internacional (regional) basada en la búsqueda de consenso y la solución pacífica de controversias” (Merke, 2015, pag. 185). En una sociedad internacional, la concentración de poder se verá como una amenaza sólo cuando la potencia principal aspire a "imponer la ley a otros” y este no es el caso de Brasil ya que su política exterior ha demostrado una tradición de solución pacifica de controversia, multilateralismo, negociaciones y no beligerancia (Merke, 2015, pag.188).


Por otro lado, con la llegada a Brasil de diversos gobiernos de partidos de izquierda, particularmente el de Lula Da Silva, se planteó la iniciativa de unir a los Estados sudamericanos bajo una organización intergubernamental, iniciativa que se vio alentada también por Argentina. Esta organización era la UNASUR, que tenía el objetivo de crear un espacio de integración y participación tanto en lo cultural, social, económico como en lo político. Pero dicha iniciativa se vio interrumpida ya que la organización se encontraba, de cierta manera, estancada. Entre uno de sus principales problemas era la de la ausencia de un Secretario General, esto llevó a que varios presidentes, incluido el de Brasil, decidieran retirarse de la organización, quedando reducido su número a 5 participantes y provocando que en el 2018, UNASUR, sea desactivada. (Vadell, 2020)

Esta política direccionada a lograr una integración regional, se ve contrastada con la llegada del presidente Jair Bolsonaro en Abril de 2019, el presidente ha profundizado la fragmentación regional en la medida en que la política exterior de su gobierno cada vez se aleja más de la región de la que forma parte y apuesta por una inserción internacional unilateral y solitaria. Por otro lado, esto genero ciertas fricciones con los demás países de Sudamérica, provocando que estos direccionen sus políticas en base a un multilateralismo y busquen otras alianzas, permitiendo hablar ya no solo de una Región de América del Sur, sino que al abrir el abanico de posibilidades se empieza a hablar de una Región Latinoamericana (Vadell, 2020).


Entonces, ¿Es posible la integración sudamericana sin un liderazgo brasilero?


Brasil tiene las condiciones y capacidades esenciales para asumir el liderazgo y construir la región sudamericana ya que posee los recursos materiales para hacerle frente a los costos que implica ser líder y puede lograr la aceptación de sus posibles seguidores, sin embargo, no lo ha hecho.


Esta decisión tiene distintas explicaciones y retomando lo expuesto en párrafos anteriores sobre la política exterior de Brasil, una de las razones que considero más importante es la decisión de enfocarse en su propio posicionamiento en el escenario internacional. Esto sumado a las diversas crisis del MERCOSUR y UNASUR, y los problemas ocasionados por la pandemia, hacen que Brasil cada vez se encuentre más lejos de la idea unir a los Estados Sudamericanos. Además, el resto de los países que tienen cierta influencia en la región, como Argentina y Chile, tienen sus propias agendas, ideales y objetivos para la región que los lleva a integrarse con otros países, como ser México en el caso de Argentina y Chile enfocándose en la Alianza del pacifico.


Por lo que, para concluir, considero que la conformación del regionalismo en Sudamérica depende del rol de liderazgo que desempeña Brasil, ya que es el único que cumple con las condiciones necesarias en cuanto a recursos, poder e influencia, pero al no asumir la responsabilidad total de dicho liderazgo, no creo que sea posible avanzar hacia una integración Sudamericana dado a que no hay otro país que presente las mismas capacidades.


Constanza Marini

Estudiante avanzada en Relaciones Internacionales.



Bibliografia:

· Ikenberry, John (1996), “The Future of Internationl Leadership”, Political Science Quarterly, New York, v. 111.

· Malamud, Andrés (2011), “A leader without followers? The Growing Divergence Between the Regional and Global Performance of Brazilian Foreign Policy”, Latin America Politics and Society, Miami, v. 53.

· Merke, Federico (2015). Neither balance nor bandwagon: South American international society meets Brazil’s rising power. International Politics, 52, Pp. 178–192. London, UK.

· Mouron, Fernando (2012). IV Congreso e Relaciones Internacionales. El rol de Brasil en America del Sur: El concepto de liderazgo y su debate teorico”. La Plata, Argentina

· SÁ GUIMÃRAES, Feliciano & EGON MAITINO, Martín (2017) Socializing Brazil into Regional Leadership: The 2006 Bolivian Gas Crisis and the Role of Small Powers in Promoting Master Roles Transitions. Foreign Policy Analysis 0. Pp. 1–20. Oxford, Reino Unido.

· Spektor, Matias (2010), “Ideias de ativismo regional: a transformação das leituras brasileiras da região”,Revista Brasileira de Política Internacional, Brasília, n° 53.

· VADELL, Javier & GIACCAGLIA, Clarisa (2020). El rol de Brasil en el regionalismo latinoamericano: la apuesta por una inserción internacional solitaria y unilateral. Foro internacional 60(3): Pp.1041-1080. Ciudad de México, México.


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