• No somos nadie

La diabetes, la vida y los sueños

Actualizado: 6 de sep de 2019


Imagen extraida de http://www.sanpablo.com.pe/diabetes-enemigo-silencioso/

Cuando se trata de afrontar cualquier cambio que se nos presente en nuestra vida, juega un papel imprescindible la madurez que tengamos en dicho momento para poder adaptarnos a él. Puede ser aplicable a cualquier ámbito de la vida, e incluso la salud.


Se sabe que existen distintos tipos de enfermedades, y que se nos presentan en diversas etapas; -incluso algunas- nacen con nosotros, por lo que muchas personas no saben lo que hubiera sido una vida sin dicho padecimiento.


La diabetes tipo 1, no es el caso comentado anteriormente, pero es una enfermedad crónica sobre la que hablaremos en esta oportunidad. No con una mirada médico-profesional, si no con el objeto de compartirle a jóvenes diabeticos o familiares de ellos, la experiencia personal de una persona de 32 años que lleva más de 25 años conviviendo con esta grata compañera.


La apodamos de tal forma, debido a que no considero personalmente que dicha enfermedad, sea de las más incompatibles con una vida normal para quien la padece. Es decir, y comparándola con otra afección; no es lo mismo intentar llevar una vida normal sufriendo Epidermólisis (más conocida como Piel de Cristal), que intentar asemejar una vida normal teniendo diabetes.


Sin embargo, entre la teoría médica y la supuesta facilidad de cuidado que se cree muchas veces prejuiciosamente que debemos tener, se encuentra la persona ,y es allí a donde apuntamos.

Seguramente, no todas las personas viven las enfermedades crónicas de la misma manera, pero de lo que estoy seguro es que cada una de ellas, aprende, se fortalece y se termina de conocer con el paso del tiempo y la convivencia.


En la actualidad, el avance médico tecnológico, las coberturas médicas y hasta la ley Nacional de Diabetes sancionada en el año 2013, hacen que las herramientas y las posibilidades de cuidado sean distintas. Pero a pesar de todos los avances, existe el miedo a llevar una vida normal y perseguir sueños comunes de cualquier otra persona que , por ejemplo, no padece enfermedad alguna. Los motivos pueden variar, desde la inseguridad innata de no formar parte de ese “grupo de normales”, hasta inseguridad misma por la falta de fortaleza mental.


Sin ir más lejos, y con las experiencias que me han tocado y he hecho vivir (a familiares, amigos y/o parejas), puedo decir que un diabético puede hacer una vida muy parecida a una normal (vale aclarar que el “muy parecida” no significa normalidad total).


Sin dudas, el período que más sufrirá un diabético, será la adolescencia, por el simple hecho de que a dicha edad es en donde nos creemos invencibles y que nada puede afectarnos. Allí es donde más necesitamos del apoyo profesional o familiar, y en mi caso agradezco haber tenido a mi familia siempre conmigo a pesar de que no me gustara ir a los controles semestrales de rutina. Es aquí también, la etapa en la cual la rebeldía puede jugarnos una mala pasada, debido a que vemos u observamos que amigos o grupos hacen y deshacen y nosotros debemos medirnos bastante en todo sentido. El diabético puede hacer todo actualmente, siempre y cuando sea medido (hasta tomar alcohol, y rompo con ese tabú que de nada sirve).


Por otro lado, cada diabético deberá encontrar un médico profesional con el cual sentirse cómodo; el médico es como nuestro mejor amigo, que nos aconseja cuando tenemos que corregir algo, pero que tiene la empatía necesaria para saber en qué situación de nuestra vida estamos. En mi caso, demoré años en encontrar alguien con quien sentirme así, pero valió la pena.


Por último y concluyendo, tocaré dos temas.


El primero, con el que también me he sentido un largo tiempo con miedo, es el de esos sueños personales. El sueño de viajar, el de irse a vivir a otro lado sin tener ciudadanía, el de vivir sólo; son situaciones que el diabético también tiene derecho a vivir a pesar de que sea un poco más peligroso para nosotros. Hay sólo uno de ellos que no he cumplido, y es el de irme a vivir al extranjero. No lo he hecho debido a que actualmente tengo un buen pasar laboral, y considero que, para hacerlo, sería necesario renunciar, y tener un buen ingreso o sustento económico, ya que los insumos para la diabetes no son nada baratos.


Y el segundo, es el de la innovación y el cambio con la diabetes; ya que, aunque se crea que cuanto más estructurados seamos, mejor nos irá, ello sólo es aplicable al cumplimiento de la rutina con la ingesta de comidas y colaciones (y sólo hasta cierto punto). Yo creo y considero que cuanto mayor cintura y flexibilidad a adaptarnos a cambios y metodologías tengamos para con nuestra enfermedad, mayores resultados podremos obtener.


Por Agustín Supicciatti, 32 años de edad

Licenciado en Logística, trabajando en Arcor SAIC con horarios de rotación semanal de 24 horas.

Diabetico insulino dependiente desde los 7 años, sin bomba de insulina

Utilizando Freestyle Libre Sensor, Tresiba y Apidra

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