• No somos nadie

Historias con Música

Actualizado: 21 de dic de 2019

“Al horror hay que visitarlo para entenderlo”, pensaba, mientras recorría el ex centro clandestino de detención La Perla, hoy devenido museo de la memoria.

También pensé en lo irónica que suele ser la historia. En medio de salones en los que era posible advertir la presencia invisible de las víctimas y sus verdugos, un enorme collage se presentaba como un bálsamo en medio de la depresión del lugar. Una imagen del Lennon de Abbey Road tamaño natural introducía una pared empapelada con el panorama musical de los ´60 y ´70. 


Afiches publicitando presentaciones de Johan Baez, The Rolling Stones, The Doors y Bob Dylan, junto a discos de Vox Dei y Los Gatos, por nombrar algunos, pintaban el retrato de una época que parecía mucho más feliz que la de las salas de torturas a escasos metros de distancia. Y sin embargo, eran la misma.

De allí la ironía, de saber contemporáneos el uso de la picana y el festival de Woodstock, el Falcon verde y el “submarino amarillo”, los vuelos de la muerte y La Balsa.

La conjunción de la represión más feroz con un movimiento artístico signado por la libertad y la experimentación, lejos de ser caprichosa, permite explicar ambos fenómenos.

En uno de los extremos del salón, un disco de Los Olimareños se me hizo un eco ineludible de la realidad latinoamericana. La actual y la pasada. Porque cabría preguntarse cuanto ha cambiado y cuanto ha persistido de aquello a lo cual le cantaban.

“Cielo del ´69” acaso remita a una época y un contexto particular. Pero en la poesía subyace la metáfora de la utopía y de las luchas sin tiempo. La de los pueblos, que no acaban, ni acabaran nunca, mientras reine la injusticia. De eso es testigo hoy el pueblo de Chile, “con el arriba nervioso, y el abajo que se mueve.” 


Nico Moretti

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