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La navidad y la pobreza

Actualizado: 26 de dic de 2019

En 2007, Arturo Alcalde Justiniano, escribió para el diario La Jornada, sobre la navidad, y como fue cambiando el espíritu de esta celebración. En México los índices de pobreza son más altos que en nuestro país, dos tercios de los mexicanos son pobres, mientras que un tercio de los argentinos lo son. La navidad, según su espíritu, es una celebración donde la solidaridad con los que menos tienen debería ser lo que sobresalga.


Más allá de las creencias de cada uno, hoy hacemos nuestras las palabras de Arturo Justiniano, con la esperanza de generar un espíritu más justo y solidario, no solo en navidad. Cada uno de nosotros, podemos hacer un pequeño gesto para mejorar la navidad de alguien. Y si trasladamos eso al resto del año, tal vez, seamos capaces de mejorar la vida, de quien más sufre y menos tiene. No hacen falta aportes materiales, a veces alcanza con acompañar, educar con gestos que inculquen valores de superación personal.


Según el autor, Las fiestas navideñas son cada vez más ajenas a su origen histórico y religioso; los tumultos en los centros comerciales, las angustias por la cena y las exigencias para consumir o vacacionar con precios de temporada alta, ninguna relación tienen con la humildad, sencillez y profundo mensaje de solidaridad originales. La Navidad es la fiesta cristiana del nacimiento de Jesús; su celebración adquiere diferentes características entre las distintas iglesias, sin embargo, su antecedente se ubica en las fiestas romanas del solsticio de invierno. Era tiempo de frío en que los grupos sociales se juntaban para protegerse y compartir los escasos alimentos que tenían debido a las inclemencias del tiempo. “Los débiles se unen en las Navidades para protegerse del lobo –nos dice simbólicamente el pensador italiano Franco Avicolli–; los que son poderosos no requieren de esta unidad, utilizan sus propios medios”.


En el siglo XIII se fue conformando la tradición cristiana de celebrar la Navidad. El 25 de diciembre de cada año se realizaba la fiesta, de origen oriental, del nacimiento del sol, el dies natalis solis invicti; durante este periodo histórico dicha celebración se va sustituyendo por el nacimiento de Jesús y se empieza a cultivar el dies natalis cristi. El emperador Aureliano, en el año 273 después de Cristo, así lo decreta. San Francisco de Asís inicia la costumbre de representar el nacimiento con figuras en torno al pesebre. Los romanos en la época navideña adornaban sus casas con ramos verdes, intercambiaban regalos y felicitaciones. Más tarde, los germanos agregaron a estas fiestas sus abetos y luminarias. Eran tiempos de solidaridad con un enfoque íntimo. En la sabiduría popular se suele afirmar: “Navidad con los tuyos y pascua con los amigos”. A diferencia de los tiempos fríos, en que la respuesta frente a la escasez es la obligación de compartir, en el periodo de pascua la naturaleza ha despertado y es generosa en la producción de alimentos.


Además de la tradición popular comunitaria, en estrecha relación con el ciclo solar, en estas fechas está presente el mensaje de quien nació pobre para dejar clara su preferencia con los débiles y los marginados. Hans Küng, el teólogo suizo que visitó México recientemente, lo dice claro: “Se es cristiano cuando se apunta el compromiso humilde en favor del prójimo, a la solidaridad con los desheredados, a la lucha contra las estructuras injustas; disposiciones de gratitud, de libertad, de generosidad, de abnegación, de alegría, como también de indulgencia perdón y servicio...” Su reflexión es clave en estos momentos de desencuentro y de confusión, cuando los valores éticos y solidarios parecen perderse como conceptos ingenuos, cuando el cristianismo es más entendido como adoración cultural o interiorización mística y no como una vinculación auténtica con el pensamiento de Jesús.


Desde otra óptica el mensaje profundamente solidario y fraterno de Jesús es imposible verlo reflejado en la fastuosidad de algunas celebraciones religiosas y en la conducta de los ricos y poderosos que ostentan y presumen su catolicismo. Es difícil, por ejemplo, imaginar a Jesús departiendo en los partidos de golf o en los cumpleaños del obispo de México. O la fastuosidad en la que vive la jerarquía eclesiástica en general.


A pesar de las contradicciones, nuestro pueblo sigue siendo mayoritariamente católico, quizá cada vez más alejado de la jerarquía católica, por la falta de compromiso con la justicia, la humildad y la verdadera solidaridad con los pobres. Porque se ha olvidado de que es su obligación cotidiana promover que los bienes se compartan, porque omite reconocer que muchos pobres dejarían de serlo si su preferencia por ellos fuese más explícita y práctica, sin prejuzgar porque son pobres, porque no dejan de serlo. Entenderlos como una parte de la sociedad atrapada, ayudarlos a salir de su pobreza. Y para esto no hace falta ser cristiano, hay que ser una persona de valores.


De nada sirve al Jesús que muchos adoran, una celebración llena de consumo, si durante todo el año y hasta navidad, hemos estado ignorando la pobreza.


Celebrar esta fiesta puede tener múltiples significados, hasta para los que creen que Jesús solo fue un profeta, porque su ejemplo con los pobres es históricamente indubitable. Para muchos la navidad, más allá de lo religioso, rescata la familia, la unión, el perdón.


Nada tienen que ver la política y todas las leyes que obliguen o una solidaridad u otra, la solidaridad es un don, que debemos enriquecer por medio del discurso y la práctica.


Siempre habrá quien piense que tiene derecho a celebrar como quiera, porque ha trabajado y se lo ha ganado, y eso es muy justo. Pero debemos fomentar el acercamiento con los que menos tienen, dándoles la posibilidad de que se liberen de la pobreza. Pequeñas acciones, pequeños discursos de afecto y carentes de odio, aportarían mucho más que una ley compulsiva.


Para los cristianos, una Iglesia comprometida con los pobres, sigue siendo la exigencia que se deriva de sus propios principios, y la justicia y la dignidad de los hombres y mujeres, los valores esenciales que deberían conducir su acción.


Todos podemos sacarle una sonrisa a un niño para esta fiesta, donde se celebra el nacimiento de un niño que cambiaría la historia, todos tenemos a mano un lugar donde poder hacerlo. Jesús recibió desde pequeños regalos hasta los más ricos traídos por los Reyes Magos, según cuenta la historia.


En la Argentina de hoy, muchos niños serian felices con un plato de comida extra, o un dulce, intentémoslo. Que la navidad sea una celebración de reencuentro y de esperanza, incluso para los pobres.


Por Alicia Panero


Foto de portada: El Diario internacional On Line

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