• No somos nadie

La protección de la Antártida depende también de nuestro interés

La presencia argentina en el sexto continente siempre ha tenido dos propósitos: la soberanía y la investigación científica.

Las tareas que se desarrollan en las bases antárticas han sido relevantes para diferentes hallazgos científicos, entre ellos, numerosos estudios que aseguran que bajo el hielo se esconden minerales como oro, plata, hierro, cobre, zinc, además de gas natural y petróleo. A estos ricos sectores se los conoce como los “hielos azules”. Aunque explotar estos recursos sería muy costoso, los investigadores aseguran que podrían contener hasta 200 billones de barriles de petróleo.

Además, en ese mismo hielo y lagos subglaciales se aloja el 70% del agua dulce del planeta, lo que constituye un recurso más valioso aún que el petróleo.

Y por último, pero no menos importante, es que se debe tener en cuenta actividades como la pesca y el turismo, que están limitadas pero no prohibidas. Mucha gente desconoce que la Antártida, por ejemplo, recibe anualmente unos 40.000 visitantes. Por el momento, las regulaciones al respecto son las del propio mercado.

Nuestro país, como signatario del Tratado Antártico, firmado en 1959 y puesto en vigencia en 1961, se comprometió junto con once naciones al mantenimiento de la Antártida como un territorio con fines pacíficos. No obstante, con respecto a la soberanía, la propia Secretaría Permanente del Tratado –con sede en Buenos Aires desde 2004 -reconoce que el Tratado “salvaguarda las diferentes posiciones de los Estados” y afirma que los países con reclamos territoriales pueden seguir teniéndolos.



Así el estado actual de las cosas, no debemos olvidar que hay reclamos que se superponen. La República Argentina los tiene con Chile y con Gran Bretaña.

Hace pocos meses, el ex embajador ante la ONU, Jorge Argüello alertaba que las islas Malvinas “se convirtieron en un punto de trascendental importancia para la pretendida proyección antártica británica sobre la totalidad del Sector Antártico Argentino. Tanto, que el Reino Unido considera propio ese territorio y lo denomina British Antarctic Territory. Sin su presencia en las Malvinas, el Reino Unido perdería esa proyección antártica”.[1]

Una pregunta que debemos hacernos es cómo trabajamos para asegurar la soberanía y salvaguardar esas riquezas. En ese sentido, las bases científicas han hecho un gran esfuerzo para promover la vida civil, con la esperanza de legitimar los reclamos territoriales. Nuestra república tiene presencia ininterrumpida desde 1904 y es el país con más bases permanentes.

De todos modos, si no se refuerza suficientemente la tecnología, la infraestructura y la logística necesaria, no se puede tener el dominio de las mejores líneas de conexión hacia el interior del territorio blanco. Esta compleja tarea –la de sostener las campañas antárticas- está delegada a las Fuerzas Armadas que dependen del Ministerio de Defensa, algo ignorado por la opinión pública, cuando se critica u objeta por ejemplo, el presupuesto destinado a esa cartera. ¿Cómo hacemos para no depender de enlaces con otras bases que están en el mismo sector y con las cuales mantenemos reclamos soberanos?

En 1991, se firmó el Protocolo de Madrid, un acuerdo que considera a la Antártida como una “reserva natural dedicada especialmente a la paz y la ciencia”. Si bien los países firmantes afirmaron proteger el territorio ¿qué pasaría si uno de los miembros se retracta de sus buenas intenciones?

Según Argüello y otros estudiosos del tema, no hay una estrategia clara de cómo resguardaríamos los recursos y cómo se instrumentan políticas de Estado al respecto. De hecho, el ex canciller Jorge Faurie contrarió posiciones que se habían mantenido todos estos años en la Asamblea General de Naciones Unidas donde Argentina niega la posibilidad de pensar su sector antártico como patrimonio de la humanidad.



Actualmente, hay numerosas naciones y organizaciones ambientalistas que tienen a la Antártida como prioridad en sus agendas. Nosotros, ¿estamos pensando en el valor real de esos 965.597 km2 de territorio?

Es el momento de que la sociedad esté debidamente informada sobre proyectos relevantes para la Antártida, como una forma de compromiso con nuestros recursos y nuestra soberanía.

Desde un acercamiento diferente, el escritor Juan Terranova sostiene: “Hoy los mares del sur, en especial el Mar Atlántico que rodea la península antártica, son habitados por otras ficciones, no menos interesadas, lucrativas y complejas. Para nombrar algunas: la ficción de la igualdad de los hombres y de su hermandad, la ficción de la colaboración científica desinteresada, la ficción de la no beligerancia. En las fronteras, se sabe, abundan los espejismos”.[1]

Ciencia y soberanía van de la mano pero una colaboración científica no puede nunca hacernos olvidar nuestros legítimos reclamos.


Silvina Sotera

Imagen de Portada: Cancillería Argentina

Fotografías: La Nación Diario, Sputnik.news




(1) Cooperación antártica: ¿a qué costo?https://www.perfil.com/noticias/columnistas/cooperacion-antartica-a-que-costo.phtml?rd=1&rd=1 (2) Juan Terranova. “Escritores antárticos argentinos”. Terranova es escritor y fue coordinador del área de investigación del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur https://latinta.com.ar/2017/10/escritores-antarticos-argentinos/

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