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Los heridos de la democracia

Actualizado: 31 de oct de 2019

Era el 30 de Octubre de 1983 y una familia entera, de Barrio Marqués de Sobremonte, en Córdoba, lloraba amargamente por la derrota de Ítalo Argentino Luder, en las primeras elecciones después de que las urnas estuviesen bien guardadas por las juntas militares del Proceso de Reorganización Nacional. Era impensado. Esta familia, donde había un padre, una madre y cinco hijos, casi todos ellos sin edad para votar aun, había trabajado por la vuelta a la democracia sin descanso, junto a vecinos y amigos, en la unidad básica del barrio que los nucleaba a todos. Era impensado que no ganara el peronismo, no cabía en ninguna cabeza. Los más pequeños lloraron desconsoladamente, los más grandes rumiaban bronca para adentro, si habían estado en el cierre de campaña de la avenida Chacabuco en el centro de Córdoba, donde asistieron 300 mil personas.

Alfonsín gano con el con un 51.75% del voto popular y 317 votos de los 600 miembros del Colegio Electoral. En segundo lugar resultó el candidato peronista Ítalo Luder, que obtuvo el 40.16% del voto popular y 259 electores.

El lunes cada uno fue a su escuela, a su universidad y a su trabajo, pasaron los días y vieron asombrados la asunción de Raúl Ricardo Alfonsín como presidente. La más grande manifestación de gente. Argentinos y argentinas con sus banderas radicales, argentinas, sus boinas blancas. El peronismo de esa familia, herido, siguió adelante, sin peleas, sin agravios, conviviendo con familia, amigos y compañeros que si habían votado a Alfonsín.

Pero lo importante fue elegir, y las elecciones son eso, aunque redunde. Elegir y respetar el resultado, sin buscar falsos culpables.

En ese 30 de octubre del 83, a nadie se le ocurrió pensar que había fraude, y eso que el gobierno militar manejo y custodio los comicios. Las circunstancias eran infinitamente diferentes a las de este 27 de Octubre de 2019. Pero esa familia, derrotada políticamente aprendió algunas lecciones.

La primera es que siempre hay nuevas oportunidades de hacer las cosas mejor y obtener otros resultados, que el juego de la democracia, es eso: elegir, ganar, perder, respetar, esperar. Que no bastaba para ganar para ser peronista, con ser anti radical, a quienes culpaban de participes necesarios de los golpes de estado sufridos por Perón y su mujer Isabel Martínez de Perón. No basto, y encima apareció el cajón de Herminio, y el repudio a ese acto violento fue total. La segunda lección fue que nada puede darse por ganado o perdido, y que si los resultados no son los esperados, hay que seguir respetando igual.

Algunos hoy sostienen que los grises son despreciables, culpando a los votantes de los partidos minoritarios de la derrota de Mauricio Macri, por 8 puntos contra Alberto Fernández. Los partidos minoritarios existen en todas las democracias del mundo, es más, en Argentina han disminuido notablemente en cantidad. No podemos imponer un pensamiento único, ni de un lado ni de otro. El indulto popular parece haber alcanzado a la compañera de fórmula del presidente electo, y los errores de gestión de Macri hicieron lo suyo en el resultado. Que si bien no fue tan abultado como en las paso, fue categórico, indubitable. Y no basto con pregonar el anti peronismo.

El gran ganador, Horacio Rodríguez Larreta, en el espacio oficialista, la gran perdedora, María Eugenia Vidal, que no pudo, o no supo o no tuvo un equipo necesario para gobernar una provincia ingobernable, por densidad poblacional y diversidad de problemáticas y situaciones sociales. En el espacio del Frente de todos, los ganadores Alberto Fernández, Cristina Fernández y Axel Kicillof,

Mauricio Macri se retira del poder con el 40 por ciento de los votos, lo que garantiza un equilibrio saludable para gobernar, sin escribanía en el Congreso. El voto consagro la moderación, no habrá espacios para nuevas hegemonías.

No es para nada creíble que se haya elegido entre republica e institucionalidad, y otros valores, cada quien sabe porque vota, y no porque no votara a Macri es un inconstitucional, o un vende patria, o un anti republicano. A veces la defensa de esos valores no está solo representada en el agite de una bandera argentina o en discursos llenos de palabras vacías. La Republica está también en la maestra, en el médico del hospital público, en el trabajador suspendido de su empresa, en el estudiante que tiene que postergar su carrera porque no le alcanza para los apuntes. Sin caer en demagogias, ellos, haciendo su trabajo hacen la Republica, el empleado de comercio, el militar, el policía, y cuantos más. La Republica, está en los niños que nunca pierden la esperanza, aunque no coman, está en los que comen y pueden ir a escuelas donde no hacen paro.

Esa República, está en los pobres que votaron a Macri con esperanza de ser incluidos, en los clase media que votaron a Alberto con otra esperanza, la de no ser excluidos. Tal vez todos se equivoquen y tal vez todos tengan un poco de razón, ¿quién puede juzgarlos? Tenemos un electorado volátil que responde a estímulos cada vez más diversos y complejos, también más inmediatos.

Educar, involucrarse con el que creemos que vota ladrones, porque en el fondo también lo es, pero no tiene la oportunidad, compartir, ayudar al que la pasa mal, sin desearle los peores males porque votan algo que no nos gusta, no descartar a las personas por su condición, por su pensamiento, y que se jodan por pobres y por ignorantes. Esas acciones son a las que nos obliga la defensa de la Republica, sabiendo que no hay mejores, hay diferentes, basados en los principios de la igualdad de los seres humanos y la igualdad de oportunidades. Hay condiciones de vida diferentes, muchas de ellas sin dignidad porque la política puso a esas personas en ese lugar. Alguien deberá rescatarlas.

Las heridas de la derrota en la democracia han develado una sociedad cruel, con el prójimo, con los pares, con los más humildes, con los que votan diferente, de uno y otro lado. Muy diferente a aquel 83 de los que vieron volver la democracia.

De los dirigentes cuestionados, acusados, imputados, se deberá ocupar la justicia, mientras tanto no hubo impedidos de participar en las elecciones.

Respecto de la Justicia, tiene una enorme deuda con la Republica, es la que más le debe, porque la institucionalidad está en riesgo con una justicia que va para un lado y otro según corran los aires políticos.

Nos encaminamos a un proceso de transición dentro de la institucionalidad, parece que hemos empezado bien y no se repetirían las faltas del recambio presidencial del 2015.

Este portal solo pretende una opinión más, ni mejor ni peor, porque las opiniones son libres, pero los hechos son sagrados. Y todos debemos contribuir desde los hechos a curar las heridas y a que se entienda que un mal resultado electoral no es una tragedia, una tragedia es otra cosa, y este país también sabe de eso.

Alicia Panero.

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