Los hijos de la negación
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Los hijos de la negación

El crimen de Fernando Báez Sosa.

Todo comienza en la más tierna infancia, al costado de una cancha, del deporte que sea, padres exigiendo, gritando, presionando hijos para que sean ganadores. Madres que insultan a los árbitros, tanto en las canchas de futbol, como en las de rugby. O en la sala de cuatro “no te dejes pegar, pega vos más fuerte” Y los niños observan, maman esa frustración paterna y la van desarrollando.

Los que ejercimos la docencia al menos los últimos 20 años sabemos cómo han cambiado las cosas. Poner un llamado de atención a un alumno, sobre todo adolescente, pone en riesgo al docente de la respuesta negadora de sus padres: “mi hijo no fue, usted es quien controla la clase, algo le habrá hecho para que reaccione así”. Sabemos de casos que se han publicado donde docentes han sido agredidos por los padres, y esto no tiene que ver con clases sociales.

Asistimos a generaciones de jóvenes que han crecido solos, jugando a la play, sin control, mirando videos o lo que este a mano, para que molesten menos.

Crecen escuchando a sus padres diciendo “negro de mierda”, “paraguayo de mierda”, “boliviano de mierda”, y ellos solos se van impostando en una superioridad inexistente, porque nadie les enseño humanidad, ni el deporte al que le atribuyen valores , que en el caso de los asesinos de Fernando, no absorbieron.

El rugby no mata, dicen, y no, claro que no mata, mata el que lo practica y no tiene valores, pegándole a la cabeza de un ser humano como si fuera la guinda. Debemos saber que esos valores de los que tanto se vanaglorian, han cambiado, ya no son los de hace 20 años. Y los que perviven, lo hacen en la cancha y en el equipo. Porque afuera, en los últimos 10 años hubo 50 episodios graves con jugadores de este deporte.

También pasa en el futbol, con barrabravas o simplemente hinchas, pero a esos los miran desde esa superioridad impostada porque son marginales. Hoy los diez asesinos, los videos son indubitables, no se los puede llamar presuntos, son tan marginales como el barra. Con la diferencia que han crecido comiendo, durmiendo en una cama caliente y educados en buenas escuelas. Tal vez lejos del paco, que es el mayor flagelo de los jóvenes pobres. No crecieron en la marginalidad, se podía esperar más de ellos.

Ver y oír a sus padres en la primera visita a la unidad penitenciaria de Dolores donde están alojados los 10, suma espanto al horror de una muerte que nunca debió ocurrir.

Los pocos padres que hablaron, se victimizaron, “fue una tragedia“ dijo el papa del más complicado, el más iracundo que se puede observar en los videos, el que hace la seña típica de matón, cuando lo tratan de sacar del boliche, de “te voy a matar”, pasándose la mano por el cuello, amenazante.

Una tragedia es algo que no se puede evitar, lo de Fernando fue un crimen, salvaje como pocos. Una mama pidiendo que la policía la cuide de los periodistas. ¿Habrá pensado quien cuido a Fernando cuando lo golpeaban en el piso? ¿Pensara quien cuida de los padres de Fernando? Defenderse de la opinión pública parece ser lo único que les interesa. Deshumanizados, irascibles, enojados, otros tristes, han gestado a los hijos de la ira, del odio al diferente, han parido ganadores, negadores del dolor ajeno, porque ellos son su ejemplo.

Si bien no podemos pretender que un padre o una madre no intenten explicar y explicarse que paso con sus hijos para llegar a esta situación y eso les provoque dolor, si debemos exigir como sociedad, humanidad. Porque es más fácil negar que pedir perdón.

A los padres de Fernando hoy, les cuesta comer, tomar agua, respirar, nunca más volverán a ver su hijo, lleno de sueños y sanas ambiciones, un chico solidario, querido, que creció con todo lo mejor que sus humildes padres pudieron darle, más el ejemplo del trabajo y la superación. Los golpes y patadas que le dieron a Fernando, le dieron a gran parte de la sociedad en el corazón, los amigos que no pudieron defenderlo por estar impedidos por la brutalidad de algunos de los detenidos, somos todos los que no pudimos defenderlo.

Si bien los que perpetraron este hecho deleznable y cobarde son mayores, debe llamar a la reflexión sobre qué pasa con los hijos y la noche, las previas, y los cocteles de alcohol, pastillas, violencia, que sin control acabara en otra muerte.

Fernando no volverá nunca más, sus sueños se quedaron con él, en una tumba fría. Sus padres no lo verán recibirse de abogado, ni tener hijos.

Los agresores, cobardes que como si hubiesen salido a cazar pajaritos culparon a otro joven inocente, están vivos, y no son precisamente ellos, ni sus padres, las víctimas.

Alicia Panero

Foto de Portada: Pagina 12.

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