• No somos nadie

Los sin nombre, los ausentes de identidad en el Cementerio de Darwin.

Un doloroso pendiente.



Escribir sobre identidad en un país atribulado por una crisis económica y política, es difícil. Las PASO parecen haber dejado en la abulia muchas cuestiones, que con un gobierno aun en funciones, como debe ser, no tendrían que paralizarse.

Es mucho más difícil escribir sobre falta de respuestas, de parte de funcionarios a un ciudadano, porque la falta de respuestas es violencia. Las palabras salen cortando, lastimando, no al que las lee, si a quien las escribe.

Nuestra sociedad, poco acostumbrada a las acciones desinteresadas, entiende como excepcionales a aquellas que lo son, cuando juzgan que lo son. Muchos funcionarios entienden menos aun.


Simplemente porque carecen de pasión para hacer lo que deben hacer.


Destacar el Plan Proyecto Humanitario, que permitió hasta ahora, la identificación de 114 soldados en el cementerio de Darwin, como una política exitosa de Estado, de las pocas, es una obligación para quienes están comprometidos con la verdad. Porque este proceso, comenzó con el gobierno anterior y debería culminar con este, o estar en vías de culminar, o en situación de haber tendido los puentes para su continuidad. No por una cuestión política, sino tan simple y a la vez tan profunda como humanitaria. También moral, por aquellos silenciados que quedaron fuera del acuerdo primario, a sabiendas de muchos.

La existencia del Cementerio Militar Argentino de Darwin es un hecho único en la historia de Reino Unido, puesto que por primera vez, han permitido tener muertos del ocasional adversario en la guerra, enterrados en un territorio administrado por ellos. Eso nos debe cargar de responsabilidades y compromisos con la historia, a nosotros, a nuestras generaciones. Cuando empezaban a desarrollarse en Malvinas los trabajos de ese Plan Proyecto Humanitario, quien escribe, fruto de un estudio complejo, largo y comparativo, descubrió que existían tumbas, dos conjuntas, con más de un resto, mal identificadas. Se les habían puesto nombres de soldados que no estaban allí en 2004.

Por lo que se desprende del informe británico de entierro, único documento válido que uso la Cruz Roja Internacional para el trabajo, esos nombres fueron “ plantados” allí cuando en 2004 se hizo la puesta en valor del cementerio. No sabemos por quién, ni como, porque jamás se dio una explicación. Esto es tan fácil de comprobar como cotejar ese informe de entierro, con la situación física del cementerio existente en 2017, sin haber existido ningún proceso científico de identificación entre 1983, fecha de entierro original y el año de inicio del Plan Proyecto Humanitario, esos nombres, de las tumbas conjuntas C 1 10 y B 4 16, simplemente, no estaban allí.

Este hecho, de los nombres “plantados”, dejo afuera del proceso de acceso a la verdad y el derecho a la identidad del muerto en combate, al menos a 5 familias. Algunos ya excluidos por las muestras de ADN. Es importante recordar que el acuerdo solo abarcaba las tumbas con la leyenda “soldado argentino solo conocido por Dios”, y al estar otros nombres puestos en esas tumbas, no se abrieron.

Estos hechos fueron informados a todas las autoridades involucradas en el proceso, incluso al Coronel británico Geoffrey Cardozo, en tiempo para solucionarlo. Solo debía decir, “estos nombres están equivocados, no hubo otro proceso de identificación desde que los enterré, se incluyen en el acuerdo”, o se piden explicaciones al respecto. Al menos eso se debió esperar de Cardozo, y de todos aquellos que desde hacía años, sabían de esas irregularidades.

Recién cuando se realizó una denuncia penal, en abril de 2018, se tomaron las muestras de los soldados que figuraban en una de esas tumbas, la C 1 10, teniendo quien escribe plena certeza de que no estaban allí, y efectivamente fueron identificados en tumbas individuales, otras tumbas.

Respecto de la segunda tumba conjunta, B 4 16, en el informe original dice que hay dos restos pero su placa tiene 5 nombres, “plantados”, no hay otro termino para describir la situación. No se sabe quién está allí.

El gobierno y los actores de este proceso, del cual quien escribe ha sido absolutamente excluida, silenciada y omitida, sigue diciendo que faltan identificar 8 soldados, cuando la verdad científica, histórica, fáctica, señala que son al menos 13. No se puede discutir sobre eso, aunque hablen, decoren con frases como, “los 8 son de esta segunda etapa” cuando no sabemos que determina esas etapas, y quien las impuso.

Para solucionar este tema, el de los invisibilizados, omitidos, nunca nombrados, se propuso una Adenda del acuerdo Plan Proyecto Humanitario, que permita abrir esas tumbas para poder incluir más identificados, cuyas familias están esperando.

Me permito la licencia de hablar en primera persona por un minuto y decir que a la luz de los acontecimientos que describiré, parece no haber intenciones de firmar esa adenda, y no por falta de predisposición de los británicos e isleños. No se sabe porque, las lecturas especulativas podrían ser muchas, la que más ronda mi cabeza es que todos los actores han sabido siempre de estos hechos y era muy complejo para ellos buscar y dar explicaciones. Tanto más fácil era no hablar de esas dos tumbas y cerrar el proyecto con éxito. Un éxito mentiroso, porque cuando las personas protagonistas de la historia quedan fuera de la misma por omisiones intencionales, la historia se convierte en un relato incompleto y pobre.

Nunca recibí del secretario de Derechos Humanos Claudio Bernardo Avruj otra respuesta que “estamos trabajando”. Un detalle de color aparte, seguramente se enterara el secretario y tal vez pueda ampliar su respuesta, ya que por fuentes del Ministerio de Justicia, sabemos que tiene mucha gente de prensa, solo dedicada a buscar todo lo que se publica sobre él, en todos lados, menciones, buenas, malas, con sueldos que pagamos todos.

Volviendo al a licencia de la primera persona, estoy en pleno derecho de recibir información porque descubrí esos errores en las tumbas, avise de ellos y los denuncie en la justicia. Y colabore en la búsqueda de familiares, direcciones, teléfonos, evacue dudas, desinteresadamente.

Pero por sobre todo, me asiste el derecho a la verdad, que es un derecho humano colectivo, que la secretaria se olvidó de leer.

Consultado públicamente por una red social, el embajador británico Mark Kent respecto de la firma de la adenda, respondió también públicamente, que tanto los isleños como los británicos, están dispuestos a seguir con la tarea humanitaria. La presidenta de la Comisión de Familiares de Caídos, María Fernanda Araujo, ante la misma pregunta respondió que ellos no se oponían a la adenda y que no tenían novedades.

Hubo familiares que esperaron 37 años, al alcance de las manos de nuestros funcionarios esta firmar esa adenda, o dar explicaciones de porque no lo hacen, cuando la otra parte está dispuesta y predispuesta, para que esas familias no sigan esperando, y la sociedad interesada en este tema, sepa la verdad.

La parálisis pos PASO, no debería abarcar las cuestiones humanitarias, hay que seguir gobernando de manera integral. Si “somos los que queremos vivir en un país normal”, como dice la publicidad electoral de quienes gobiernan, hay que empezar ahora. En un país normal los funcionarios no están pendientes de su imagen, sin dar respuesta a sus ciudadanos, tratando como enemigos a los que buscan una verdad inconveniente. En un país normal, se dice la verdad respecto de los muertos de una guerra con la que todos hacen patria, pero pocos se juegan por esa verdad.

En el país donde quieren ser diferentes a otros, y se jactan de eso, esconden los muertos de un cementerio donde descansan héroes nacionales por ley, y es monumento histórico por ley.

Nunca hubo un comunicado oficial, nunca una breve declaración, ni una lagrima del Canciller por esta grave situación.

Prefiero pensar que es ignorancia, pánico escénico a dar explicaciones, porque firmar esa adenda implica darlas, y nadie parece estar en condiciones de hacerlo.

Las palabras salen lastimando, salen doliendo, porque a pocos les importa este tema, porque las verdades incomodan, aun a los diferentes, a los mejores.

Los ausentes, en las tumbas con nombres “plantados”, siguen recibiendo el viento firme y sostenido de las islas, esperando un nombre que los haga soberanos. Porque la identidad es el mayor acto de soberanía que podemos ejercer en este momento. Pero los debe abarcar a todos.

Algún día pisare Darwin nuevamente, y ya no llorare por los ausentes, por los sin nombre, porque llegara el tiempo, en que los funcionarios respondan a los tiempos de los deudos, aunque sea de una guerra lejana.

Alicia Panero

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