Malvinas: Buscando al Teniente Juan Domingo Baldini
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Malvinas: Buscando al Teniente Juan Domingo Baldini

La identidad es soberanía.


"La guerra es una circunstancia inentendible de los hombres, donde aquellos que no tienen nada en contra de quienes no conocen y ni tan siquiera saben su rostro, se matan por órdenes de quienes sí se conocen y hasta conversan amistosamente las circunstancias de sus desavenencias"


No hemos venido a contar el triste y sangriento combate donde murió un soldado, sino la huella que dejo en los vivos que aun hoy lo recuerdan y lo aman. Una historia que no espere a ser contada cuando lo identifiquen, sino ahora, porque lo encontramos a través de sus amigos y primos. Y de toda la gente que replico la búsqueda y que hizo lo que un organismo de gobierno y una fuerza armada no pudieron ni quisieron, encontrar a sus seres queridos.


A la familia de Juan Domingo Baldini, subteniente del Regimiento 7 de La Plata, muerto en Malvinas en el combate de Monte Longdon, nadie la busco nunca para el proceso de identificación. Era hijo único, su papá el portero del viejo canal 11 y su mamá ama de casa. Lo empecé a buscar en twitter porque un soldado de él, me dijo que tenía primos hermanos.


Alguien que estuvo en Darwin me dijo, está solo, en alguna tumba, espero que pueda recuperar su nombre, nadie lo busca. Y ese fue el disparador. Y una foto que ya no podemos olvidar.

Solo basto dejar un mensaje para que empiece a correr la magia. La de buscar identidad, y la de encontrar a quienes podían aportarla.


Los compañeros de secundario se contactaron conmigo y me ayudaron, fueron al colegio, al barrio y una noche me llamo su primo, Jorge, sentí una gran emoción y él no podía creer para que lo buscaba, lloramos los dos, fueron tres meses de búsqueda sin que el ejército ni el regimiento dieran ninguna respuesta.


Alfredo Castro, ayudó muchísimo en todo esto, cuando le envié la dirección donde habían vivido los Baldini respondió “El barrio cambio un poco, recuerdo la casa, pero el número exacto en la calle, no lo tengo, si tienes un registro, ya que tal vez, si toco timbre, sea más rápido que ir al colegio.” Enormes voluntades, de búsqueda, de amor al prójimo y a la patria.


Su pedacito de la historia


“Mi relación con Juan Domingo no pasaba de verlo pasar hacia el secundario o el regreso a casa. Pero si recuerdo, algunas cosas que me contaba mi padre, hoy fallecido, acerca de la familia, buena familia del barrio.


Viví en el Barrio de Villa Pueyrredón desde el año 1969, comencé a asistir al Instituto Nuestra Señora de Luján, sobre la calle Zamudio a dos cuadras de mi casa en la calle Franco. Al asistir a la secundaría, en el horario vespertino, me llamaba la atención un joven que siempre iba delante de mí, tanto cuando entraba como cuando salía del Instituto.


Siempre con su pelo corto, con una postura, bien firme, espalda derecha, como marcando el paso, lo recordaría años después. Ambos vivíamos en la calle Franco, en la misma cuadra. Él cerca de la calle Caracas, yo cerca de la calle Zamudio.”


A Jorge lo pusimos en contacto con el Equipo Argentino de Antropología Forense, y con alguien de la secretaria de Derechos Humanos.


Viajamos a Malvinas en Marzo de este año, yo lo logre gracias a la recomendación del Embajador Británico en la Argentina, Mark Kent, el, por qué ya se había tomado la muestra para el ADN.

Sentí que lo conocía de toda la vida, desde el afecto, también a su hijo que lo acompañaba, recorrimos el Cementerio sabiendo que Mingo esta por allí, que ya no está solo y esperamos su nombre.


Uno de los primeros mansajes que había recibido, me indico que pronto daría con Jorge, “Hola Alicia, mi curiosidad de futuro historiador me hizo buscarte. Busqué tu Facebook, y vi la publicación de la búsqueda. Y esa cara me resultó conocida. Estuve una hora buscando en internet, y encontré un artículo, que te adjunto” Era una persona solo dispuesta a colaborar, que entendió la necesidad de encontrar quien le aportara nombre a Juan Domingo Baldini. Y agregaba:


“Baldini fue compañero nuestro en el Instituto Nuestra Señora de Lujan, él es mayor que yo. Me puse muy triste cuando me enteré de su muerte en Malvinas. Nunca tuve una relación con él. Pero vivíamos en la misma cuadra, en el barrio de Villa Pueyrredón. Si me das unos días, voy a tratar de conseguirte más datos, si es que me los dan en el colegio”


En la página que envió, escribía un compañero, llamado Pedro y nos devolvió algo de su historia: “Juan Domingo Baldini fue uno de mis mejores compañeros del secundario, educado en un hogar humilde, austero, peronista y católico, gozaba del reconocimiento de sus compañeros y de las autoridades del colegio "Lujan". Su natural liderazgo y un carácter piadoso y paternal lo predisponían a resolver los problemas del grupo. Para aquellos que hoy no tengan más de treinta años, quizá sea necesario recordar que en el tiempo en que tuvo lugar éste diálogo la Argentina vivía momentos complicados. El deterioro del gobierno aumentaba en la misma proporción que la violencia.


Era noviembre de 1975 cuando el Profesor Juan José Caruso decidió utilizar la segunda mitad de su clase de Historia para preguntarnos qué es lo que haríamos el año próximo. Disfrutábamos nuestro momento de gloria adolescente; terminábamos el quinto año del colegio secundario cuando todavía teníamos en nuestras retinas la despedida de Sui Generis en sus dos recitales en el Luna Park del 7 de Septiembre con más de treinta mil personas. Fue entonces cuando “Mingo” (así le llamábamos a Juan Domingo sus compañeros), a su turno, se puso de pie al lado del pupitre y dijo: -Mi intención es ingresar al Ejército Argentino, señor Su respuesta no fue la esperada por el profe ni por la mayoría del curso. Solo los más allegados a Mingo, sabíamos de su decisión. -¿Al ejército?- interrogó el profe con expresión de sorpresa para agregar -¿Y para qué vas a ingresar al ejército?- -Para servir a mi patria, señor- fue la respuesta de Juan.”


Se llama Juan Domingo por el General Perón, y su foto es impactante. Su porte, su pelo y su gesto serio y responsable, hicieron que se replicara por todas las redes sociales, como un grito.


Su compañero sigue escribiendo: “Las últimas noticias que había tenido de Mingo las recibí poco antes de terminar el conflicto de Malvinas, cuando llegaron a mis oídos unas palabras de una carta que él le había enviado a sus padres: “Sea como sea, me quedaré en éstas islas”. Poco tiempo después tuve las peores noticias. Pero nunca supe los detalles. Fue en abril de éste buen año de 2012, nada menos que cuando se cumplían los primeros treinta años de la Guerra de Malvinas, que recordé a Mingo con intensidad. Claro que, si fuera coherente con lo que pienso, debería decir que fue Mingo quien se me acercó, porque siempre sostuve que cuando recordamos a un ser que se ha ido de éste mundo conocido, lo que realmente ocurre es que ese ser se nos acerca a tal punto que nosotros podemos percibirlo y, como no sabemos nada acerca de esa percepción, solo creemos que se trata de un recuerdo.”


Quizás pocos entiendan el significado de todas estas palabras, o sí. Y es que en cada una de estas búsquedas hemos dejado el alma, porque ningún solado debe quedar solo y sin nombre. El compromiso de mucha gente, sin vedetismos ni mezquindades, sirvió para encontrar a su familia, y aunque aún aguardan los resultados, esperar eso sin escribir antes sobre esta otra historia nos ha parecido necesario. Sin poder evitar la primera persona, y el enorme regocijo de haber hallado a su familia. El camino sigue por donde tiene que ser, pero abierto ya, como un camino de identidad indiscutible.


Juan Domingo era hijo único, dejo una novia esperando con su vestido para casarse, sus padre se fueron apagando de a poco hasta que murieron ambos, sin saber en qué tumba esta. Seguramente sus soldados que le dieron el primer entierro dejaron señales para que se sepa quién era, pero a Darwin llego anónimo, como tantos otros que hemos ido recuperando y hoy son 114 identificados. Aunque algunas miserias, que no tienen que ver con la guerra sino con la falta de humanidad, hayan dejado 5 soldados más, posibles de identificar.


Su mejor amigo, al cumplirse 30 años de la guerra, indago sobre Juan Domingo, Mingo para él. Y le es inevitable contar sobre su muerte, que según relata fue heroica. “Baldini había llegado al grado de Subteniente y con sus inexpertos y valientes 24 años de edad fue designado al mando de la 1ra Sección de Tiradores de la Compañía B “Maipú” del Regimiento 7, en la ladera oeste, que fue destinado a cubrir posiciones en Monte Longdon, a tan solo catorce kilómetros de Puerto Argentino.


El atardecer del viernes 11 de junio fue otro día más de cañonazos intermitentes provenientes de los buques británicos Avenger, Glamorgan y Yarmouth, pero el destino tejía una historia triste. Esa noche de Junio de 1982, mientras en el continente pretendíamos ignorar la gravedad de la situación y creíamos que la vista de Juan Pablo II a la Argentina pondría fin al conflicto con Inglaterra, en las islas se preparaba uno de los combates más sangrientos y crueles de la guerra de Malvinas. El joven subteniente, que escuchaba por Radio Colonia la repetición de las palabras del Papa Juan Pablo II en su visita a Luján, sale corriendo de la carpa para despertar al soldado Daniel Scali a quien estaba cuidando porque estaba descompuesto. -¡Gordo, ponete el casco que vienen los ingleses!- le grita, para luego salir a enfrentar el avance enemigo. Lo siguen detrás los cabos Orozco y Ríos.


La batalla por las posiciones del subteniente Baldini en cercanías del río Murrell rugió constante. Sus hombres combatían de distintas posiciones oponiéndose a las tropas del veterano mayor Mike Argue -ex SAS-, jefe de la Compañía B del 3 PARA que atacaba el monte. El Soldado Flores sale con su arma preparada del pozo de zorro y recibe varios impactos que lo hieren. Al verlo caer, el Subteniente Baldini sale de su posición para ir a auxiliarlo. Acciona la MAG contra los atacantes y dispara la ametralladora hasta que el mecanismo se le traba al encasquillarse un cartucho de munición de 7,62 mm. Bajo el hostigamiento del fuego inglés, Baldini intenta destrabar la MAG con una bayoneta de FAL, pero sus esfuerzos resultan infructuosos. Sin perder un minuto, porque los británicos ya estaban por todos lados, toma su pistola Browning de 9 mm y continúa disparando al enemigo que se les venía encima. Baldini pudo optar por ponerse a salvo del ataque enemigo, pero como era un valiente, decidió ayudar a Flores. Para poner a cubierto a su compatriota les da la espalda a los británicos y es acribillado desde menos de siete metros. El joven subteniente Juan Domingo Baldini cae herido de muerte pero su mano sigue sosteniendo con firmeza su pistola.


En la noche del 11 y el 12 de junio de 1982, a 14 kilómetros de Puerto Argentino se libró la batalla más cruenta de la guerra de Malvinas. El combate duró doce horas continuas, costó la vida a 31 argentinos y 23 ingleses y dejó 167 heridos de ambos bandos. El RI 7 no tuvo un solo desertor. Y luchó hasta el fin.”


Juan Domingo Baldini, había nacido el 13 de Febrero de 1958 y a sus 24 años hizo argentino el suelo donde decidió descansar.


Siempre vuelvo al anónimo de la Segunda Guerra Mundial en España: “te buscare soldado, y tu nombre será un grito, te buscare soldado y tu alma se va a llenar de luz”


Alicia Panero

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