Me llamo Louis Robert
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Me llamo Louis Robert

Claudio Meunier Reus, famoso por sus obras históricas respecto de las acciones de pilotos de la Segunda Guerra Mundial, en una de sus más grandes obras “Volaron para vivir”, relata la historia del argentino de origen Belga, Pedro Fernando Davreux. Generosamente, Claudio nos entrega fragmentos de su libro que valen la pena leer.


J EM APELLE LOUIS ROBERT.


Louis Robert desciende, colgado de su paracaídas, bajo las estrellas del cielo holandés. Mira hacia abajo, forzando la vista: la oscuridad no le permite calcular cuánto falta para llegar al suelo y atenuar la caída. Esa es, por el momento, su mayor preocupación. Como un telón que da comienzo a una obra de teatro, repentinamente la oscuridad se abre y deja ver la tierra que se aproxima demasiado rápido. Trata de sacudir el paracaídas hacia los costados y amortiguar el golpe pero es tarde, el contacto contra el suelo es violento: cae entre los surcos congelados de un campo arado. Con el golpe, se daña la columna, un relámpago de dolor le sacude el cuerpo y no puede contener el grito. Pero nadie lo escucha. Los perros de la granja cercana ladran fuerte y sin parar, excitados todavía por el stress de lo que acaba de suceder en el cielo. Hasta hace unos minutos, la noche era interrumpida por el ruido y los fogonazos de las municiones intercambiadas entre los artilleros de su Halifax y los cañones del caza alemán nocturno Messerschmitt 110 que los acaba de derribar.


Logra incorporarse, se queda quieto, observando la noche en búsqueda de movimientos. Por el momento, no parece suceder nada. En cuclillas, enciende un cigarrillo y trata de ordenar su mente. Junto a los atropellados cálculos y preguntas de supervivencia que se hace, una pregunta aparece repitiéndose en el flujo de pensamientos: ¿qué hace él esa noche en la Holanda ocupada por Hitler, muriéndose de dolor debido a un salto en paracaídas? Recién ahora evalúa con asombro el hecho de haber terminado siendo un apuntador de bombas en un avión de origen inglés. Porque Louis piensa, siente y vive como lo que es: un joven argentino, activo habitante de la noche porteña.


Se quita el arnés y pliega el paracaídas como mejor puede. Cada movimiento es acompañado de un intenso dolor, nota que le falta una de las botas, observa alrededor suyo pero no la encuentra. El instinto de supervivencia (y la adrenalina) le agudizan el estado de alerta. No es para menos: cualquier sonido extraño puede provenir de tropas enemigas. Los alemanes montan operativos de búsqueda y persecución a los tripulantes de los bombarderos derribados, y los bombarderos caen tan seguidos que han podido perfeccionarse en ese trabajo. Por ejemplo, dependiendo del avión derribado, saben a cuántos deben comenzar a buscar. Las patrullas alemanas que vigilan caminos vecinales y el tránsito de los pobladores que van hacia sus labores diarias pero que pueden estar también colaborando con la resistencia. Uno de sus compañeros corre con peor suerte: el Sargento de Vuelo Albert Barnes, navegador que saltó un poco antes que él del Halifax en llamas, fue capturado por los alemanes poco después de tocar tierra. La “bienvenida” consiste en una feroz golpiza, las culatas de fusiles y las patadas de las botas lo dejan Knock out. Bennett, otro de los tripulantes, es un poco más afortunado. Salta casi al mismo tiempo que Louis y logra descender sin ser visto.

Louis Robert ha recorrido un largo camino para sumarse al esfuerzo aliado. Es un argentino nacido en Buenos Aires el 7 de septiembre de 1912, y esconde su verdadero nombre, Pedro Fernando Davreux, bajo el seudónimo de Louis Robert. Lo hace, como tantos voluntarios argentinos, temiendo represalias sobre familiares que viven en los territorios ocupados por Alemania. En efecto, Pedro/Louis es el quinto hermano en una familia de ocho hijos, cuatro varones y cuatro mujeres. Sus padres son belgas que viven en Argentina, pero conserva familiares en Europa.


Pedro ha vivido en Buenos Aires una vida holgada de un joven de clase media alta. Su padre Fernand es un próspero exportador de lana. Esto le otorga a Pedro la posibilidad de ir a estudiar Humanidades Modernas en el instituto Saint Berthuin en Malonne, Bélgica. Sin embargo, poco más tarde las humanidades quedan como un pasatiempo, pues debe acompañar a su padre en el control de la empresa y seguir comprando y exportando lanas para el cliente principal de ellos que se encuentra en Verviers Bélgica. La vida monótona de Pedro como un empleado más, atrapado en el centro porteño, es interrumpida por un mensaje del Ejército Argentino informando que debe cumplir con el Servicio Militar obligatorio. De mala gana se presenta y dura poco, no tiene intenciones de vivir bajo un uniforme. Este asunto se vuelve intenso pues al tener la nacionalidad Belga también es llamado también a servir bajo la bandera de sus ancestros.

Entonces informa al Ejército Argentino que realizará el servicio militar en Bélgica, se le otorga la baja esperando que lo concrete con las fuerzas belgas para luego presentar en el Ministerio de Guerra Argentino un documento que acredite su presencia como soldado belga. Sin embargo, esto no es más que una treta. No tiene intención alguna de viajar a Europa y cumplir con el compromiso. El gobierno Belga a través de su embajada en Buenos Aires envía a Pedro insistentes avisos para que se presente y sirva en el ejército bajo su bandera pero él no lo toma muy en serio. Incluso envía a las autoridades en Buenos Aires la renuncia a dicha nacionalidad y queda de momento en deuda solo con el Ministerio de Guerra Argentino.


Sin embargo los peligrosos tiempos del nacionalsocialismo y su expansión a través de Europa llegan a oído de los Davreux a través de su clientela que sigue comprando lana argentina. El inicio de las hostilidades paraliza el negocio familiar en Buenos Aires y las historias terribles de los alemanes sobre la población belga generan en Pedro un odio profundo, y aflora el deseo de servir como voluntario. Encuentra en Buenos Aires a un reducido grupo de jóvenes argentinos y residentes belgas que van a viajar a donde sea necesario para tomar las armas, recuperar la tierra de sus padres, liberar a Europa y al mundo del nazismo. Junto a ellos, emprende la aventura. Con su hermano Juan, se presentan el 11 de mayo de 1940 en la embajada de Bélgica en Buenos Aires enrolándose como voluntarios. Parten en un buque rumbo a Canadá en mayo de 1941 viajando con un pasaporte entregado por la embajada belga. Su madre Marie decide viajar a Bélgica con sus hijas instalándose allí para ayudar a su familia y amigos en este duro trance que les toca vivir. Pedro arriba a Montreal e ingresa al duro reclutamiento como infante en el Campo Belga de La Jolliette bajo las órdenes del futuro Teniente Coronel Blondeel DSO conocido posteriormente por haber formado los primeros comandos belgas y su participación en las Ardenas bajo el seudónimo del ´Capitán Blaunt´. El argentino sufre como todos los embates de la dura instrucción, logra sortear cada escollo y califica, recibe su primer matricula militar BC293, se forma como soldado raso y en agosto de 1941 cruza el Océano Atlántico junto a tropas a bordo de un buque rumbo a Gran Bretaña, y una vez allí es destinado a un cuartel del ejército en Malverne.

En abril de 1942, un pequeño grupo de belgas recorre su regimiento avisando que se encuentran reclutando hombres para la sección Belga de la RAF. Pedro no lo duda: se irá con ellos. Se separan así los caminos con su hermano Juan, quien terminará como Subteniente del regimiento 501 de tanques Sherman con los franceses pertenecientes a la Segunda división blindada del General Leclercq. Su regimiento combatirá en África y luego participará en el frente de Normandía.


Lo envían al centro de instrucción de candidatos a pilotos de la RAF en la Escuela Inicial de Vuelo 17 en Scarborough, le dan un nuevo número de matrícula en la RAF identificada bajo el número 1484879. Y como nada en la vida son flores, el destino le tiende una sorpresa, lo van a enviar de nuevo a Montreal para realizar desde cero su ingreso. Informa que él ya ha realizado su reclutamiento en la infantería, pero a nadie le interesa en medio de una guerra las historias personales de un joven que al parecer vaga en ella. Montreal lo recibe con su nieve, tiene que simular no haber aprendido nada mezclándose entre los reclutas. Aprende nuevamente a gritar a pedido de su instructor los últimos tres dígitos de su matrícula. Nuevamente marchas, trote forzado, gimnasia, guardias, reglamentos, cursos de montaje y desmontajes de ametralladoras, más marchas, carreras, cursos de navegación terrestres, supervivencia. Luego de hacer por segunda vez el servicio militar, busca horizontes dentro de la aviación. Solicita ir a los cazas, ni siquiera la contestan, buscan jóvenes de 18 a 24 años y él va por los 28 años, demasiado viejo.


Tampoco logra calificar como piloto en Dewinton pero pronto descubren que tiene una agudeza notable para apuntar, su instructor no lo duda y le informa que lo va enviar al curso de apuntadores de bombas. Él no está muy convencido de esto, siente que su vida es arrastrada por deseos no cumplidos, oportunidades no buscadas e invadido de hechos tristes y alegres. Edmonton lo recibe como un ciudadano temporal y cursa en la base aérea su especialidad recibiéndose de apuntador de bombas. Al saberse que Pedro es un belga libre le sugieren como a tantos otros que cambie su nombre buscando seguridad para su familia ante la eventualidad de ser derribado y capturado. A partir de ese momento cambia su nombre haciéndose llamar Louis Robert. Louis en recuerdo de su abuelo paterno y Robert por ser un apellido corriente en Inglaterra. Parece que la decisión ha sido acertada: escribe a Buenos Aires requiriendo noticias de su madre y sus hermanas, pero hace tiempo que no se sabe nada de ellas. Poco tiempo después una carta llega a manos de Pedro y entiende porque su madre y hermanas han perdido el contacto. Marie Louise Douxchamps y sus hijas argentinas han sido descubiertas por las autoridades alemanas participando en actividades subversivas de la resistencia, ellas forman parte del enorme entramado que es la Línea Cometa que evacua a los pilotos derribados hacia zona neutrales. La Sra. Douxchamps y sus hijas han sido capturadas dando soporte a unos pilotos aliados derribados en la zona de De Jonghe. Los alemanes deportan a Marie Louise y sus hermanas Lilette y Madeleine al campo de exterminio de Mauthausen, donde esperaran la muerte a manos de sus captores en las cámaras de gas. Pedro se desespera como cualquier hijo escribe al consulado argentinos en Bélgica, pero solo recibe una ausencia total de correspondencia. Esto no es casual, existe un horrible antecedente que no quieren se vuelva a repetir. Durante la primera guerra mundial el cónsul argentino en funciones fue fusilado por los alemanes al interferir en las cuestiones de la guerra. Sin ninguna respuesta, Pedro debe seguir adelante. A comienzos de 1943 es enviado a la base británica de RAF Harrogate Spa, lugar que concentra a las nuevas tripulaciones de bombarderos. Allí acepta sumarse a un grupo de jóvenes británicos que están armando una tripulación, unos días después se encuentran todos viajando al Norte de Escocia para entrenar bajo un frio salvaje en vuelos nocturnos.


Los vuelos en Escocia afectan la salud de Pedro, ahora Louis Robert, al provocarle una grave sinusitis, de la que es operado para seguir en condiciones de vuelo. Sale de la clínica, se recupera y vuelve con la tripulación a entrenar. Luego de otro período de adaptación en la famosa unidad Heavy Conversión Unit 1661, esta novel e inexperta tripulación es enviada al escuadrón 78 con base en RAF Breighton perteneciente al cuarto grupo de Bomber Command, cerca de Yorkshire.

Con la invasión de Normandía y la liberación de Bélgica, Pedro recupera la ilusión de poder buscar a su madre y hermanas, y tal vez, reencontrarse con ellas.


Pedro tiene su bautismo de fuego en el escuadrón 78 de bombarderos pesados Halifax de la RAF en la noche del 27 al 28 de agosto de 1944, en una peligrosa misión sobre la ciudad alemana de Hamburgo. De milagro, en esa misión nocturna todos los Halifax del escuadrón enviado al ataque retornan y Pedro vuelve en una solo pedazo. Completa varias misiones sobre Le Havre,


Glesenkirchen, Boulogne y otros blancos menos peligrosos que los existentes en la cuenca del Valle del Ruhr. La táctica impuesta por el Bomber Command a sus tripulantes cambia desde el D Day, pues se dedican a bombardear otros objetivos que son relativamente pequeños pero estratégicos, la orden es paralizar los movimientos de los alemanes entonces las estaciones de ferrocarril, las playas ferroviarias y los enormes parques automotores se convierten en un nuevo blanco de la RAF, la orden es terminante, barrerlos del mapa y continuar con el avance sobre Holanda y Bélgica, pues la guerra tiene que acabar pronto.


El 23 de septiembre el Bomber Command lanza una nueva operación sobre Neuss en Alemania con el objeto de borrar del mapa un centro de formación ferroviaria perteneciente al sector de Dusseldorf. La operación es determinante y de urgencia para socorrer a los paracaidistas canadienses que están en dificultades sobre un puente del rio Mosa en Arnhem. Los bombarderos del escuadrón 78 salen a cumplir la misión ordenada, en el Halifax (MZ763) (EY-S) comandado por el joven Flying Officer John Stewart Richardson Swanson de 22 años, un calmo oficial que contagia su tranquilidad al resto de la tripulación. Pedro ocupa su puesto en la trompa de vidrio y se dispone a llevar su trabajo de la mejor manera posible. El pesado cuatrimotor Halifax despega y se adentra en el cielo nocturno.


Esa misma noche, el piloto alemán oberfeldwebel wolfram Möckel, un as con diez victorias en la Luftwaffe, vuela un caza nocturno Messerchmitt 110 del 4/NJG.2. Tiene guardia de vuelo y fue enviado a patrullar con su tripulación los cielos de Holanda. Saben por medio de la inteligencia que habrá una ola de bombarderos Lancaster y Halifax yendo a Dusseldorf y Neuss y su trabajo como cazadores nocturnos es ocasionar el mayor daño posible a la ida y vuelta de la misión. Möckel lleva todo lo necesario para este vuelo que no tiene nada de especial pero esencial para la supervivencia en el aire, las bengalas de iluminación identificadoras ante la artillería alemana, bengalas para marcar las formaciones de bombarderos, sus cañones han sido cargados con munición trazante, explosiva y común. En silencio, sigue la ruta de vuelo ordenada por el radar y durante la patrulla con la totalidad de las luces apagadas busca un indicio muy familiar: la línea formada por cuatro pequeñas llamas azules parpadeantes, el tenue fulgor que lanzan los escapes de motor de los bombarderos. Así es como se buscaba a estas enormes sombras fantasmales, que luego no debían perderse de vista para derribarlos sin que ellos se dieran cuenta. La claridad es bastante aceptable para los cazas nocturnos alemanes, Möckel paciente observa en la noche sin encontrar nada.


El Halifax de Swanson llega a Neuss, hay un poco de fuego antiaéreo alemán, aunque los pone nerviosos parece que la misión de esta noche será otro tramite. Pedro acostado en la trompa del Halifax apunta con la mira de tira y lanza las bombas desde 7000 metros de altura. Sus bombas con las de otros aviones se unen a cortos relámpagos que se desatan en tierra cuando las bombas explotan en destellos de luz. Las bengalas lanzadas por los Pathfinders siguen marcando los blancos. Pedro le informa a Swanson que tiene el control del Halifax, el piloto no pierde tiempo, inicia un viraje poniendo rumbo a casa mientras por la radio interna del avión alguien pregunta por el termo de café.


En el auricular de Mockel, la voz del artillero llega claro a sus oídos indicando: “arriba nuestro!”. A partir de ese momento tenían trabajo.


Continuara……


Claudio Meunier Reus.

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