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ME LLAMO LOUIS ROBERT. SEGUNDA PARTE

Claudio Meunier Reus, famoso por sus obras históricas respecto de las acciones de pilotos de la Segunda Guerra Mundial, en una de sus más grandes obras “Volaron para vivir”, relata la historia del argentino de origen Belga, Pedro Fernando Davreux. Generosamente, Claudio nos entrega fragmentos de su libro que valen la pena leer.


Aquí dejamos el link de la primera parte de esta gran historia.

https://www.nosomosnadie.org/post/me-llamo-louis-robert


J EM APELLE LOUIS ROBERT.( Segunda Parte)


Ya con proa a su base, Pedro/Louis se relaja en su puesto. Es un tripulante viejo por su edad, 28 años. Piensa en todo el sacrificio que han hecho con su hermano Juan para terminar haciendo este trabajo exento de cualquier emoción, parece que cada vuelo sumara al próximo mas aburrimiento y terminara cumpliendo sus 35 misiones para volver a volar luego como instructor en un trabajo más aburrido aun lejos del frente de batalla.


Estos pensamientos desaparecen instantáneamente cuando en sus auriculares escucha el rugido del Flying Officer Grew artillero de cola; caza nocturno a las seis y abajo nuestro!. Swanson empieza a volar en una espiral descendente tratando de ubicarse por debajo del caza alemán en una maniobra para no perderlo de vista y atacarlo con ventaja. Pero el piloto alemán conoce muy bien su trabajo, no es un novato y antes que puedan completar varios espirales, el piloto alemán abre fuego sobre ellos en tres oportunidades, sin alcanzarlo. Swanson le ordena a sus artilleros no disparar para no delatar su posición con el fuego de las balas trazadora mientras sigue descendiendo.


El oberfeldwebel Möckel observa al Halifax descendiendo, aun no abre fuego, mira su reloj son las 22.05 hs vuela alrededor del bombardero buscando la ventaja para realizar su cuarto ataque. El as alemán se posiciona y se acerca al Halifax, lanzando una nueva ráfaga que, esta vez sí, explota sobre el ala derecha del bombardero que se envuelve junto a sus dos motores en una larga cola de llamas furiosas. Swanson continua con las maniobras evasivas, pone en picada el bombardero. Las prioridades acaban de cambiar.


El ingeniero de vuelo corta el paso de combustible y el Halifax a medida que gana velocidad atenúa la luminosidad del fuego, pero estos intentos son vanos. El ala esta desventrada y las llamas vuelven a avivarse dejando fuera de control al bombardero. Swanson sabe que si pronto no abandonan el Halifax todos a bordo morirán en el. El piloto intenta recuperar la estabilidad del bombardero que solo vuela con dos motores sumido en fuertes vibraciones, a bordo se desata el caos, parece que otros impactos del Messerchmitt 110 han averiado los controles del Halifax. Abandonar el avión; ordena el comandante de 22 años mientras lucha en los controles. Louis Robert está a punto de saltar cuando el bombardero comienza a entrar en barrena. Louis y Bennett abandonan el avión de inmediato, lo siguen Barnes y Nutbrown. Bennett descubre antes de saltar que el oficial Grew artillero de cola esta herido en su puesto pero nada puede hacer para sacarlo, la única oportunidad es que Swanson aterrice de emergencia. Campbell tampoco puede saltar, está herido en su puesto. Ahora solo quedan tres tripulantes a bordo del condenado Halifax. Johnny Swanson lucha en los controles permitiendo que cuatro de los tripulantes pudieran saltar en paracaídas e intentar un aterrizaje de emergencia para salvar a sus dos tripulantes, y por ultimo piensa en su vida.


Möckel a una distancia prudencial observa al bombardero en su descenso. Swanson busca un claro donde aterrizar. Pedro en su paracaídas observa como el Halifax entra en barrena y luego ocurre el milagro, Swanson lo arranca de la maniobra descontrolada y vuela derecho a tierra. No hay emociones, todo ocurre demasiado rápido. Swanson lucha en los controles dentro de esa trampa mortal, el Halifax le arrebata de nuevo el control al piloto entra en barrena y se estrella en medio de una brutal explosión alertando a los granjeros, unas feroces llamas al borde de un camino vecinal de una noche agitada en el aire marcan el final del comandante Swanson, el radiooperador Campbell y el artillero Grew que se consumen entre las llamas.




Me llamo Louis Robert


Llevando su paracaídas plegado entre sus manos, Pedro ahora camina con dificultad por el campo arado. Preparándose para la posible situación ser interrogado, se repite una y otra vez que se llama Louis Robert. Nota que se le enfría un pie, cree que tal vez esté herido. Desaparecida la adrenalina, es atacado por una violenta neuralgia debido al daño en segunda, tercera y cuarta cervicales. Encuentra un galpón. Abre la puerta y observa que pertenece a un agricultor que guarda sus herramientas de trabajo. Esconde cuidadosamente el paracaídas. El dolor lo doblega y lo hace tirarse cuerpo a tierra detrás de unas maderas quedando inmovilizado.

La luz matinal se cuela a través de las maderas del galpón Pedro espera que lleguen los alemanes y ser capturado, pero nada de esto ocurre. Cerca de las tres de la tarde, escucha unas voces que conversan no muy lejos de su escondite. Se trata de miembros de la resistencia organizada, que lo buscan. Ellos han encontrado la bota que perdió durante su accidentado aterrizaje. Pedro, acostado en el piso y mirando entre las maderas, los observa. Advierte que uno de ellos lleva un brazalete azul, blanco, rojo y de su hombro cuelga una ametralladora alemana capturada. Pedro se levanta como puede, toma un cuchillo y sale gritando: “¿Holandeses?”.

Las personas retroceden, el hombre del brazalete carga la ametralladora y le apunta a la cabeza. Un hombre adulto y su pequeño hijo se acercan. Mediante señales, le hacen comprender que está en buenas manos y que lo llevarán a su granja. Los holandeses lo alojan y le dan de comer, corriendo el riesgo de ser fusilados en ese mismo lugar por colaborar con las fuerzas aliadas. La resistencia holandesa se muestra más activa que nunca en aquel sector. Se pone en marcha y contacta a los responsables de su red, organizando un rápido traslado a las líneas aliadas. En las últimas horas de la tarde vienen a buscarlo, lo ayudan a esconderse en el baúl de un auto debido a su delicado estado de su columna y lo llevan hacia Weert. Cruzan exitosamente las líneas alemanas y alcanzan territorio aliado. Pedro está a salvo.


Horas más tarde se encuentra con su compañero Bennett, también está herido en uno de sus pies al aterrizar violentamente, y ha tenido la suerte de ser socorrido por una pareja de agricultores que lo asistieron en el convento de Brigittines en Weert. Pedro y su compañero son interrogados, ambos desconocen el paradero de los demás. Las malas noticias no tardan en llegar: no hay otros sobrevivientes.


Cargando con la culpa del sobreviviente, son llevados para reconocer cadáveres recientemente encontrados. Reconocen a Swanson, Campbell y Grew, ninguno de los tres tiene su medalla identificadora alrededor del cuello. Los tres son enterrados en el cementerio de Weert con la premura del momento. Nutbrown es encontrado más tarde en un claro de un bosque. El pobre nunca pudo lograr que su paracaídas se abra, y muere al golpear contra el suelo. En Breighton el diario de guerra del escuadrón 78 es llenado con la información escueta clásica de cada pérdida, y los diarios londinenses anuncian en su sección de personal perdido en operaciones a la tripulación completa de Swanson, junto con la del Flying Officer López, comandante del Lancaster III (PA974) (OF-B) del escuadrón 97 desaparecido en operaciones sobre Ladbergen. Pedro y Bennett son evacuados en ambulancia con otros dos heridos, un inglés y un alemán de 18 años a un hospital de campaña en los alrededores de Hasselt. A la mañana siguiente son trasladados en ambulancia al instituto Bordet en Bruselas.


Juan, el hermano de Pedro que se encuentra en el fragor de la batalla con los Sherman de Leclerq, recibe dos mensajes seguidos emitidos por la RAF británica y un tercero de las autoridades francesas el 4 de octubre de 1944, anunciando la muerte de su hermano. Juan casi no tiene tiempo en comenzar con un duelo pues se debe esforzar en sobrevivir al entrar en combate con los poderosos tanques pesados Tigre que dia a dia suman más bajas entre los tanques de las filas aliadas.


Pedro, mejorado de su columna, extiende su tiempo en Holanda. Consigue una autorización para presentarse vistiendo ropas civiles en Namur (Bélgica), ahora dentro de la zona de ocupación americana. Es allí donde su madre nació, vivió y fue vista por última vez con vida junto a sus hermanas. Él quiere obtener más información sobre el destino de su madre y hermanas antes de volver a Gran Bretaña. Pedro llega al pueblo de los antepasados maternos, la población se ha ido o está muerta. Nadie sabe nada de la señora Davreux y sus hijas, nadie sabe nada, ellas han desaparecido sin dejar rastros. Una semana más tarde Pedro viaja a Bruselas y toma un vuelo que lo conduce a Londres. Visita el edificio donde se encuentra el Estado Mayor belga en la zona de Eaton Square, solicita entrevistarse con el Mayor De Ryckman De Betz, para que le otorgue un anticipo del sueldo mensual pues ha vuelto del otro lado del canal sin dinero y necesita alojarse una noche en algún lugar y alimentarse.


El oficial Belga lo escucha y rechaza su petición por estar fuera del reglamento. Pedro salta de la silla y estalla en una lluvia de improperios hacia el mayor que combate desde atrás de un escritorio lejos del frente, las palabras van subiendo de tono segundo a segundo, Pedro descarga sobre el oficial frases hirientes con justa razón. Un ayudante del Estado Mayor escucha la discusión y la cólera de Pedro, ingresa en el despacho, le ordena silencio y ponerse firmes, luego lo saca de allí. Le ordena esperar sentado en un banco, luego lo lleva con el personal de contaduría y lo ayuda a conseguir lo necesitado. Descansa en un hotel de mala muerte y la mañana siguiente toma un tren a Breighton alejándose de los constantes dolores de la guerra, emocionales y físicos, su espalda aun no está bien y su corazón sufre por su madre y sus hermanas.


Durante el viaje en el tren es abordado por un aviador francés de su escuadrón que le estrecha las manos y sonrisas felicitándolo, le pregunta si ha pasado unas buenas vacaciones. Le informa que ha sido ascendido a Warrant Officer, el más alto grado para un suboficial a título póstumo luego de no tener noticias del Halifax y la tripulación siendo catalogados, muertos en acción, esto arranca una sonrisa en Pedro algo que casi ha olvidado.


Al llegar a la base recibe una insignia para su uniforme, es su ´Caterpillar´, la insignia del gusanito dorado que significa ha sido salvado por un paracaídas, el que tiene Pedro es uno de los tantos que circulan en Breighton con los ojos rojos, al haber saltado en la noche. Recibe también el ´Flying Boot´ o bota voladora otorgada a aquellas tripulaciones que salieron en un avión y luego regresaron a pie a su base. Otra noticia lo esperanza: ha sido removido de las operaciones debido a su estado de salud y, como el fin de la contienda se acerca, sobran las tripulaciones noveles que esperan en Inglaterra impacientes el momento de tirar unas bombas sobre la Alemania de Hitler antes que todo termine.


Lo internan por tres meses en el hospital en Hoylake, cerca de Liverpool para curarse de sus lesiones. Pedro solicita ser reintegrado al escuadrón 78, pero nuevas órdenes lo conducen con los numerosos jóvenes belgas reclutados que arden en el deseo de luchar, Bélgica esta liberada y muchos jóvenes belgas se enrolan como voluntarios en la aviación. Davreux comienza su carrera como instructor en enero de 1945 en RAF Sneewel, cerca de Cambridge, el final de la guerra lo encuentra en la aviación pero fuera de las operaciones.


Pedro recibe noticias sobre la región de Weert en Holanda y le dicen que allí se desataron feroces combates a la noche siguiente a su repatriación, Pedro no se ha tomado el tiempo para averiguar datos sobre sus salvadores, no conoce sus nombres, dirección ni nada. Se instala en él una profunda inquietud sobre el destino de sus salvadores, el niño y el hombre mayor que lo han descubierto en Zwartbroeck. Decide buscarlos por cuenta propia ahora que la guerra ha terminado. Afortunadamente han sobrevivido. El encuentro es muy emocionante, y lo invitan a la casa a compartir un tiempo con ellos. La familia se encuentra abocada a un evento sencillo, un casamiento, pero un problema se lo impide: en los caóticos primeros momentos de la posguerra no hay dinero para un traje de novia y menos aun tela para confeccionarlo. Pedro sonríe a todos, y les pide permiso para ir al galpón acompañado de la familia. Revisa entre las maderas y extrae su paracaídas muy bien escondido para que no lo hallaran los alemanes, y se lo entrega a la familia para que le den un destino glorioso a la novia. Pedro sonríe junto a aquellos desconocidos por primera vez en años, olvidándose de los horrores que han vivido. Otra alegría se suma cuando se reencuentra con su hermano Juan, se funden en un abrazo que no termina más. La vida los ha vuelto a reunir, sólo queda buscar a sus hermanas y su madre.


Los hermanos retornan a Gran Bretaña para una licencia antes de irse de baja y volver a la vida civil. Allí los aguarda una carta que ha sido enviada por un mayor inglés. En ella les anuncia la muerte de su madre en el campo de exterminio y concentración de Ravensbruck y la liberación de sus dos hermanas, Lilette y Madeleine, rescatadas como dos escuálidos casi cadáveres del campo de concentración de Mauthausen. Antes, han sobrevivido a seis meses en Ravensbruck y al horror de la marcha hacia la muerte. Han sido liberadas por tropas soviéticas y tienen la chance de ser salvadas por el ejército americano. Pedro y Juan viajan a Bélgica y se produce el reencuentro. Sus hermanas están muy débiles y siguen internadas para recuperarse. Las acompaña otra joven belga, rescatada del mismo campo de concentración y que ha forjado con las hermanas Davreux una amistad en el dolor. Se llama Claire Mélot. Su familia ha sido diezmada por los alemanes en los campos de concentración. Su padre en el campo de Neuhengam y su madre y hermana en el campo de Ravensbruck. Su hermano Jean, miembro de la resistencia y héroe de su país ha sido muerto intentando liberar prisioneros belgas que debían ser ejecutados a la mañana siguiente.


Claire y las hermanas Davreux, luego de recibir más cuidados en Suiza, vuelven a Bélgica y son alojadas en la propiedad “Les Oiseaux” por una prima de los Davreux llamada Monique Dumont de Chassart, cuyo marido Emmanuel ha sido asesinado unos meses antes por los rexistas.

Pedro y Claire se enamoran perdidamente y se casan el 6 de agosto de 1946 en Namur. El matrimonio vuelve a la Argentina en octubre de 1946. Se sorprenden por la cantidad de refugiados alemanes que el Presidente Perón ha permitido entrar al país, se dice que muchos de ellos son criminales de guerra, cosa que después, en muchos casos, se comprueba. Viven en Buenos Aires durante siete años. Pedro reparte su tiempo entre la familia y el banco Société Générale, sucursal Buenos Aires favoreciendo el comercio y la industria entre Argentina y Francia.

En marzo de 1953, Pedro y Claire viajan a Bélgica con sus cuatro hijos, Maita, Anne, Francois y Bernard. Los tres primeros han nacido en Argentina. Pedro ingresa a trabajar en la firma Moulins de Beez hasta 1977 cuando llego su tiempo de jubilarse.


En 1995, Pierre fue invitado por el conductor de la emisión “l’Ecran témoin” (la pantalla testigo) de la RTBF Liége (Radio y televisión Belga Francesa de Lieja). Se trataba de una emisión basada sobre el film “Memphis belle” animada por aviadores belgas de la RAF quienes participaron en los bombardeos sobre Alemania.


Durante la emisión, grande es la sorpresa de Pierre al enterarse que un sobreviviente de su tripulación, desde hace años publica avisos de búsqueda de Pedro en Canadá y en Inglaterra pues sus pedidos dirigidos al Ministerio Belga de Defensa Nacional no tuvieron ningún seguimiento. En los días posteriores a la emisión, Pedro recibe los datos de John Bennett a través de los veteranos del Escuadrón 78 en Canadá. Ambos se reencuentran después de tantos años en Manchester, algunas semanas después. En 1996 Pedro organiza un viaje para John por Bélgica y Holanda. En ésta ocasión se encuentran ellos y sus familias en la zona donde ellos han saltado en paracaídas.


Pedro se conmueve al reconocer en una persona adulta la imagen del pequeño que le salvó la vida. Algunos más de quienes se jugaron su pellejo por él todavía viven, y vuelve a encontrarse con ellos. Tiene la gran alegría de saber que ninguna represalia fue ejercida sobre los pobladores, su temor desaparece luego de cincuenta y dos años de dudas dolorosas. Alguien le trae un regalo: una camisa que ha sido realizada con la tela de su propio paracaídas. Pedro y John viajan al cementerio católico romano de Moleenport en Weert, tres pequeñas lapidas blancas guardan los restos de sus compañeros de tripulación, ambos se arrodillan sobre la tumba de sus amigos y dejan flores en señal de camaradería, recuerdo y respeto. Los nombres y las sonrisas de Swanson, Grew y Campbell jamás se podrán borrar de sus mentes.


Pedro abandona este mundo en Rhisnes rodeado de hijos y nietos el 17 de enero del 2003. Junto a Claire, descansan juntos en la bóveda de la familia Davreux en Namur, unidos en vida,en la guerra, la paz y el más allá.


Claudio Meunier Reus


Imagenes: Aviacion por Leandro

Foto de Portada: El aeropuerto del Prat, ultima morada del Halifax-

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