Mujeres en la oscuridad
  • No somos nadie

Mujeres en la oscuridad

En todo el mundo el movimiento feminista lucha por sus derechos, la igualdad, paridad, en manifestaciones públicas y numerosas, una de las consignas más divulgadas es la del aborto legal y gratuito. También contra la violencia que sufren en todo el mundo.


Pero hay un ejército silencioso de mujeres que trabajan en la oscuridad, por otras luchas, tan valiosas y valientes como las otras y que no tienen ni prensa ni apoyo. Ya no es solo anonimato, sino oscuridad. A pesar de eso, siguen dando sus batallas en silencio.


También se mueven en un mundo de hombres, donde solo las descalifican por su condición, y siguen, sin pintadas, sin destrucción, sino desde la construcción de la verdad y de esa igualdad tan deseada.


A lo largo del mundo y de la historia, existen mujeres silenciosas que han trabajado y trabajan en la oscuridad, muchas de ellas prefiriendo el anonimato para no seguir recibiendo golpes, de esos que no son físicos.


En nuestro país, tenemos muchas, cada uno de quienes lean esta nota conocerá alguna, que a diario deja la vida en una lucha, que nadie ve, pero de la que se beneficiaran muchos.


Norma Gómez, hermana de un caído en Malvinas de Chaco, y prima de otro, desde 2011 recorrió su provincia buscando familias que estén dispuestas a la búsqueda de identidad de los soldados enterrados en Darwin, la mayoría bajo la nomenclatura internacional de NN. Norma se mueve en un mundo de hombres, el de la guerra, y eso no es privativo de nuestro país, la guerra es universalmente cosa de hombres, siendo las mujeres las más vulneradas y las más ignoradas. Norma es una mujer valiente, que no tiene empacho en llamar a un ministro, hablar con un embajador y con la misma frontalidad asistir a los familiares de los caídos del Chaco. Con la misma fuerza que, junto a su madre lucho por la identidad de su hermano Eduardo, pelea por una prótesis para la madre de un soldado, se mete en parajes inhóspitos a buscar familiares o a llevar palabras de apoyo y consuelo donde el estado nunca estuvo.


Valeria Carreras es la abogada de la querella unificada de 37 familiares del ARA San Juan, sola mueve el expediente, consigue imputaciones, se ocupa de contener a las viudas, y recibe toda clase de descalificaciones, por su pensamiento político, por su empuje para pelear, porque es mujer. Valeria consiguió que se habilite la feria judicial y la jueza de Caleta Olivia siga trabajando en la causa. A diario debe soportar ataques, si bien publica en modo de notas todo lo que hace, también está en las sombras para quienes no quieren ver.


Las propias viudas que dejo la tragedia del submarino son mujeres que siguen luchando a diario por su subsistencia y la de sus hijos, a veces con el solo apoyo de Valeria.


A lo largo de mi trabajo sobre la participación de las mujeres en la guerra de Malvinas, que culmino en el libro Mujeres Invisibles, me toco encontrar muchísimas en es oscuridad, que los hombres que escribieron la historia de la guerra aun hoy, no rescatan.


Helen Otero, que tomó la posta con las aspirantes Navales de Puerto Belgrano que en 1982 eran menores de edad y atendieron heridos de guerra, busca todos los días su lugar en un mundo de la historia reciente, haciendo un gran trabajo.


Desde mi propia experiencia en la búsqueda de la verdad sobre el Cementerio de Darwin, he padecido desplantes, desprecios, silencios y engaños, muchas veces escuche “la guerra es cosa de hombres”. Nunca recibí una explicación, seguramente porque para quienes son los dueños de los mecanismos, no las merezco.


El hecho de ser mujer nos llena obstáculos a la hora de la búsqueda de la verdad, y a pesar de los resultados obtenidos con pasión, no sin terquedad, aún sigo flotando en una periferia. Como otras, siempre estuve sola, acompañada por dos personas entrañables, Carolina Araoz y Laura Canessa, que le pusieron luz a mi oscuridad. Nunca tuve a nadie detrás mío, más que la verdad, y una que incomoda bastante.


Solo por mencionar algunas, de las que he visto de cerca su lucha, pero hay más, muchas más, sin flashes ni cámaras.


Cuántas mujeres a los largo del país asisten a personas en comedores, merenderos, cuantas más crían solas a sus hijos en valores, sin necesidad de manifestarse públicamente. Basta conocer un estudio que nos revela la participación de todas estas mujeres, desde el anonimato, muchas incluso sufriendo todo tipo de violencia.

Mujeres de pueblos originarios, que además de todo, luchan contra el prejuicio de casi toda la sociedad, por su condición de aborígenes y de mujeres.


Sumando la actividad en el mercado laboral y el trabajo no remunerado, es decir el trabajo doméstico y el cuidado de personas, las mujeres tienen mayor participación que los hombres en la economía pero su aporte es menos reconocido, revelo un informe de la Universidad católica Argentina. Esto engloba a muchas mujeres, ignoradas, desplazadas al borde de la vida, porque tampoco se les hacen fáciles lo reclamos en los organismos pertinentes.


Mujeres maestras, medicas, enfermeras, militares, abogadas, madres, no todas deben ser famosas, pero todas deben ser consideradas en un trato equitativo e igualitario, darle importancia a cada una de sus historias, nos hará mejores como sociedad.


Por Alicia Panero