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Otro casco de un soldado argentino usado en Malvinas, vuelve a casa

Un casco que llego de Londres para reparar heridas.


Seguramente no existe un elemento que represente más a un soldado que un casco. Es un símbolo. Lo protege, lo representa, lo evoca, y es desde ese lugar, que contaremos esta historia.

Hace ya más de cuatro años, apareció un soldado de la Guardia Escocesa que estuvo en las cercanías de Monte Tumbledown, su compañía no entro en combate durante la guerra de Malvinas.


Su nombre, Gordon Hoggan, y dijo a los medios británicos que buscaba al dueño de un casco de un infante de Marina muerto en le combate de Monte Tumbledown durante la guerra. La última noche, la más oscura y la más fría, donde se peleó cuerpo a cuerpo y con bayonetas. Y es todo lo que diremos del combate.


Desde este portal, quien escribe, no relata hazañas bélicas, ni batallas, ni matanzas, sino hechos humanitarios, solo presenta datos sobre dichos hechos, que tengan que ver con la comprensión de lo que se relata. Creemos que la guerra debe superarse con humanidad, con acciones nobles hacia quienes la padecieron. Chorrear páginas de sangre derramada no nos lleva a la paz y al perdón.


Gordon Hoggan fue contactado entonces y describió el camino que hizo desde el monte cercano donde su compañía estaba apostada, hasta un pozo de zorro, donde dijo haber matado un soldado argentino, infante de Marina, con bayoneta. Lo hizo a los efectos de ubicar al dueño.

Según ese relato, el soldado era José Luis Galarza, un conscripto del BIM 5 con asiento en Rio Grande, pertenecía a la Compañía de Servicios al mando del Suboficial Julio Saturnino Castillo, también muerto en combate.


Basto que la historia se conociera en Argentina, la conociera la familia del soldado Galarza, para que comenzaran a desmentir a Hoggan, a relatar hechos que daban por tierra su historia. El papa del soldado estaba dispuesto a recibirlo, dijo en aquella oportunidad “tenía la misma edad que mi hijo, era el o José Luis, yo lo perdono, y si viene le hago un asado”


El jefe del Batallón Gurka Mike Seears, apostados también en las cercanías de Tumbledown, hablo al respecto y dijo que la Compañía G de la Guardia Escocesa a la que pertenecía Hoggan no entro en combate, pero si ocuparon el lugar a la mañana siguiente para poner orden y custodiar el lugar. Nadie dice que hizo Hoggan en ese momento, si robo un casco, si alguien se lo dio. Incluso hay una foto que circula en internet de su compañía posando luego de la victoria, con un casco argentino como trofeo.


El caso es que nunca más supimos de él, intentamos comunicarnos de todas las maneras posibles y pareciera que se lo trago la tierra. Aun tratamos de entender que daño hubiese causado al mundo, que Hoggan le entregue el casco al papa del soldado y sanen los dos. Quien puede determinar las acciones privadas de las personas, juzgarlas, y decidir si las hacen o no.


Supimos que Hoggan fue un hombre atormentado por el alcohol y las drogas, que vivió en situación de calle luego de la guerra y tal vez devolver ese casco lo hubiese reconfortado, era sincero en su intención de devolverlo.


Comprar objetos de militaría es algo que no se puede alentar, se deben alentar las acciones nobles que lleven a los coleccionistas que invaden las páginas de ventas online con efectos que pueden ser muy sanadores si se devuelven.


Siempre que hablamos de la guerra de Malvinas, se cuela la miseria, no es esta la excepción. Renombrados veteranos argentinos y británicos pusieron el grito en el cielo porque ese casco no era de Galarza y Hoggan no podía entregarlo, aunque el padre del soldado lo quisiera como símbolo de reconciliación.


Pensando en esto, un ciudadano británico que vive en Argentina y que conoció a Miguel Galarza, el papa de José Luis, y también la historia de Hoggan, le prometió que el conseguiría un casco para que coloque en el monumento que su hijo tiene en su pueblo, Duggan., en la Provincia de Buenos Aires. Un casco que represente todo lo que conlleva la pertenencia a su regimiento.


Fue así que dio con el coleccionista ingles Edward Goodall, que vive en Portsmouth, Reino Unido. Conocía también la historia y decidió enviar de su colección privada de objetos de la guerra de Malvinas un casco del BIM 5 que llego a Londres en agosto de 1982 y estaba ahora en su poder.

A fines del año pasado el casco llego a la Cancillería Argentina, junto a otros efectos para ser devueltos a sus destinatarios.


Nos pusimos en contacto con la hermana del soldado argentino, que estuvo dispuesta a recibirlo, pero no le dijo nada a su padre para no ilusionarlo de nuevo. Si pidió enfáticamente que nadie lo moleste y que todo lo referido al casco sea consultado con ella. No quería medios, ni notas ni grupos de veteranos haciendo la entrega. Su padre tiene 80 años y a veces su salud le juega malas pasadas.


El casco llego a Cancillería Argentina con una nota expresa del coleccionista Edward Goodall, de que debía ser entregado a la familia Galarza. Sin embargo se lo entregaron a un veterano de Córdoba y otra vez la miseria se coló en un acto noble..


Este veterano, estuvo meses esperando no sabemos que, para entregarlo, me toco hablar en varias oportunidades con él, un hombre al que se lo notaba incomodo tratando con mujeres. Quería poner condiciones para la entrega, sus condiciones, que adivine, eran fotos, prensa, todo lo que la familia no aceptaba.


Finalmente luego de mucho tiempo, lo recuperamos, sorteando las miserias que siempre se cuelan aunque tratemos de no dejar agujeros para que entren. Nos reservamos el nombre de este veterano de una agrupación muy importante, para no darles la entidad que buscaban reteniendo un casco que no era para que ellos lo entreguen.


En oportunidad de visitar el BIM 5 en Rio Grande, sus jefes se mostraron de acuerdo con estos actos de reconciliación. Aun sin tener la certeza de quien era el casco, y teniendo claro que era un símbolo para un padre que evoca a su hijo soldado, a su regimiento.


El casco fue evaluado por un coleccionista que vive en Uruguay, según su dictamen fue hecho en Argentina en los años previos a la guerra, se corresponde por los usados por los efectivos del BIM 5 y viene de Londres, tres elementos que determinan que es genuino.


El símbolo de aquel soldado que murió en la guerra, de su regimiento, se encontrara en poder de la hermana del Galarza. Así lo pidió su familia, y es lo que se debe respetar siempre por encima de los deseos de protagonismo.


Recordemos el caso del casco recuperado por Jorge Altieri, que un colaborador lo encontró en eBay, dio el aviso y gracias a una nota de quien escribe, fue comprado para su devolución por un empresario privado. Era su casco y el decidió, darle la mayor difusión posible a la historia, y asi lo respetamos.


Debemos preguntarnos que hemos hecho para mejorar el mundo, que pequeño aporte, que granito de arena, en silencio, sin cámaras ni medios pudimos poner en un país lleno de egoísmos.

Alentamos desde aquí a la devolución y no a la venta de los objetos que pertenecieron a los soldados de la Guerra de Malvinas, son actos sanadores solo para sus protagonistas.


Alicia Panero

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