Poemas con hambre y bronca. Argentina 2019
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Poemas con hambre y bronca. Argentina 2019


Imagen extraída de bavivo.com

Veintinueve años atrás escribí un manojo de poemas a los que reuní bajo el título “Poemas con hambre y bronca. Argentina ‘95”. A la luz del tiempo transcurrido, nunca pensé que volvieran a tener vigencia.


Hay letras que se empeñan en seguir vivas a pesar de los años, de la historia de los pueblos, de los sesudos señores reunidos en claustros asépticos ocupados en separar, enterrar o aceptar términos que la gente ya incorporó a su léxico cotidiano. Son ésas las que perviven, soportando un tropel de hojas de calendario, valoradas aún en su vejez.


Otras, en cambio, se duermen en su cama de papel, ignoradas por las nuevas generaciones. Su temática no interesa ya. Murió inexorablemente, pisoteada por la indiferencia del presente que no perdona distracciones del ayer. En ese lecho deposité mi poemario al que de tanto en tanto iba a depositarle una flor.


Hoy, con el dolor de mi pueblo, con las muertes evitables que no se evitan, con la angustia que me atenaza el estómago al ver tanta desolación sin esperanza, tanta ceguera construida minuciosamente por los sombríos personajes del poder; hoy, en que temo despertarme y conocer que más seres quedan a la intemperie, más niños con hambre golpeados por la indiferencia, más viejos apilados como trastos desechables; hoy compruebo que esos poemas se levantan de su sueño perdido y cobran vida.


¡Qué tristeza, mi Dios, reconocerlos en el nefasto presente donde nuestra Patria se desangra! Parafraseando a Neruda, quisiera escribir los versos más alegres este día, beber de la mirada sonriente de mi gente y soltar las letras para que vuelen al sol, sacudiéndose por la mala noche vivida. Pero no puedo. Hay demasiado escombro acuciando, demasiada sorpresa que dibuja rictus de amargura y que se recicla día tras día con más desazón.


Pero… …Sin embargo allá, bien al fondo, escondida como una joya invalorable, queda un rescoldo de fe esperando… esperando. Y ahí sí –en medio de las risas de los niños felices – volver a visitar cada tanto, a mis viejas letras en su blando lecho de papel amarillento y olvidado.


Por Alicia Cesareo