• No somos nadie

Sociedad cancha: el fútbol nos define como argentinos

Actualizado: 8 de sep de 2019

En nuestra vida, en todas las situaciones en las que estamos sumergidos día a día, en la rutina cotidiana, podemos encontrar a personas que defienden sus posturas con distintas armas o fundamentos; y ello no indica que alguien que piense o viva diferente, no pueda opinar al respecto.


Pasa en el fútbol, pasa en la vida y en una sociedad argentina que no tolera las diferencias, hay que estar en un equipo o en otro, o te ponen de aguatero.


En nuestro país, es en donde nos creemos dueños de la verdad y nos cuesta aceptar la diversidad de opiniones o vivencias. Pasa con todo, y el fútbol no es la excepción.

Podemos asegurar con certeza, que somos cuna de ídolos internacionales, y del deporte más popular, pero si nos adentramos en la diversidad futbolística o deportiva de nuestra sociedad, tenemos diferencias que nos hacen creer superiores siempre. Arrancando desde el equipo del que formamos parte el fin de semana con amigos, o hasta pasando por las distintas gamas de hinchas, seguidores o trastornados, de los colores que llevamos en la piel.

No existieron ni existirán los dueños de la verdad, y si hay una única verdad, es que no hay verdad, si no verdades. En la cancha, ésto se replica todos los fines de semana, sin importar que equipo juegue.


Existe aquella persona que aparenta tomarse todo a la ligera (y que hasta probablemente de joven dejaba la pelota chiquitita), pero que hoy va a sentarse a las gradas, pareciera a ver distribuir la pelota en tiempo y forma -y nada más!-. Impresionante, a ese tipo no se le mueve un pelo, es el ejemplo perfecto del carácter centrado, y por eso creo con seguridad que ha sido de los jugadores más ricos técnicamente de su época. Porque en la gran mayoría de los casos, para ser hincha, podes tener cualquier mezcla entre temperamento y personalidad, pero para haber sido un buen jugador (a excepción del Diego) siempre se requirió de una entereza, frialdad y templanza absoluta. Más en el fútbol argentino, en donde todo lo vale siempre, con tal de sacar ventaja en el mano a mano o llevarse los 3 puntos.

Tenemos por otro lado y en el mismo lugar, al tipo que posee un conocimiento teórico absoluto, es el estadista nato. Ese que quizás fue al que entre amigos los fines de semana utilizaba de arquero porque te ordenaba desde atrás y con la cancha de frente.

En el otro extremo, el reloj de la mitad de la cancha, ese que si la teoría decía que había que hacer A, hacia A y le salía bien; y cuando decía A y hacía B, tenía la justificación perfecta por haberlo hecho. En la tribuna es el perfeccionista ideal, y que por ahí se olvida que del otro lado hay 11 jugadores más que buscan hacer exactamente lo mismo que los tuyos.

Uno de los personajes más lindos; es la quinceañera enamorada del fútbol o de su equipo. Es de las personas que seguramente viven el deporte de la manera más apasionada, y hasta divertida cuando se lo mira desde afuera.

Sufrido como pocos por momentos, es aquel que también dentro de una cancha jugaba divirtiéndose o que probablemente te salvaba cuando nadie esperaba nada de él. Ya en el ámbito profesional y en otro extremo sería una especie de Ronaldinho, mágico y showman pero al que no le gusta perder ni en figuritas. Sentado en la platea o saltando medio entonado en una popular, disfruta de su equipo en todo momento a pesar de sufrir cuando los resultados no son los esperados.

Por último, la figura que más se repite en nuestro fútbol y sociedad; ese hincha netamente apasionado y a veces abrumado. Es la persona que vive más seriamente ese partido de fútbol, que la vida misma. En muchas oportunidades -y a pesar de cualquier resultado- son los que parecen que siempre terminaran enojados, sea dentro de la cancha o viéndolo desde afuera. Formando parte de los 11 con amigos, es probablemente de los más regulares, pero que pueden pecar de revolucionarios e irse temprano a las duchas. En cambio, y viviendo como hinchas, de seguro son de los más solitarios, aquellos que están con los auriculares puestos viviendo su momento (a veces hasta sin siquiera hablarle a su padre que los acompañó). Por lo general no emiten sonido salvo cuando la efervescencia popular los contagia por un momento particular del partido.

En resumen, no todo es tan teórico como parece y una persona puede tener características de varios de éstos estereotipos, o bien haber pasado en distintas etapas de su vida por situaciones parecidas a las que comentamos anteriormente. Incluso se nos pueden estar escapando algunas otras particulares.

Lo que es seguro, es que antes de ser hinchas y antes que nada, somos personas, y que el fútbol argentino es parte de nuestras vidas. Nacemos respirando fútbol, crecemos sintiendo fútbol y muchas veces morimos palpitando fútbol, y si no nos aceptamos como hinchas, mucho menos nos vamos a aceptar como sociedad, y viceversa.

Salvando las enormes diferencias, sería bueno poder citar la frase expuesta por el caso Luciano Arruga que dice: "Debajo de cada gorra, hay un pibe con su historia". En la cancha pasa algo similar, actualmente el fútbol -en algunas situaciones- genera violencia hasta en las mismas tribunas, y para que ello merme es necesario que empecemos a aceptar la diversidad de opiniones, vivencias e historias que conviven en la Argentina en cada partido.

Muchas veces no conocemos que está viviendo, o que problemas tiene la persona que se sienta al lado nuestro, si va a la cancha porque es su cable a tierra, porque es una herencia familiar o por simple amor propio o sentimiento de pertenencia.

Podemos mejorar como sociedad, pero para que realmente los resultados sean positivos, debemos aceptar que otro opine distinto, sea cual sea la cuestión.


Por el viejo Angus

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