UN POLICÍA DESAPARECIDO
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UN POLICÍA DESAPARECIDO

Arshak Karhanyan es oficial primero de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, tiene 27 años y estudia informática en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Lo último que se supo de él, es que el 24 de febrero pasado a las 14.37, ingresó y salió de la estación Primera Junta de la línea A de subtes, luego de realizar una extracción de dos mil pesos en el cajero automático. Hasta donde pudo saberse, previamente o después se dirigió al local de Easy de la esquina de Rivadavia y Paisandú, compró una pala de punta que abonó en efectivo, y tal vez unos profilácticos. Aparentemente, se realizaron algunos rastrillajes policiales alrededor de esa zona de Caballito, luego de la denuncia realizada por sus familiares, en la comisaría 7 B, ex comisaría 12 de PFA ubicada en la calle Valle, en la que Arshak justamente prestaba servicios.

"Mi hermano es un chico tranquilo, de perfil bajo. Cumplía con su trabajo, daba prioridad a sus estudios de Ingeniería en Sistemas en la UTN y no tenía ningún vicio", dijo su hermano Tigrán a la agencia de noticias Télam.


Arshak Karhanyan

Increíblemente se ocupa de investigar su paradero, la División Búsquedas de Personas de la Policía de la Ciudad. Esta cuestión constituye un verdadero despropósito judicial, ya que conforme las “cuestiones de prudencia” que se evalúan en términos penales, otra fuerza de seguridad debería ocuparse de la investigación. Esto es así, por el simple motivo, de que la fuerza o varios de los integrantes de la que forma parte Arshak, podrían estar implicados en su desaparición.

Karhanyan dejó su moto encadenada a un árbol frente a su casa, dejó también los celulares  –con lo cual no puede reconstruirse su itinerario por los gps- sin volver a contactarse con sus familiares. En otras imágenes previas, se ve a Karhanyan, teniendo una conversación bastante nerviosa con otro efectivo –no muy querido por sus camaradas-, quien luego se contradijo en forma notoria a la hora de declarar y borró los mensajes de su celular previamente. Las cadenas de encubrimiento que existen en nuestro país, son verdaderamente únicas: el fiscal Santiago Vismara le solicitó al juez Alberto Baños, el allanamiento de las dependencias de la División Exposiciones de la Policía de la Ciudad –destino anterior de Arshak- para buscar elementos que explicaran por qué no aparece desde febrero, pero el magistrado dispuso alegremente, que no existen los motivos para allanar, ya que no estaba claro que el joven haya sido víctima de un delito. El benemérito  juez Baños, tampoco aceptó a la familia Karhanyan como querellante, con el mismo disparate argumentado: de esta forma se logra que la familia no tenga acceso al expediente de la Causa, y no pueda confirmar los eventuales encubrimientos o irregularidades.


Seguramente su graciosa señoría, pretende desconocer también los elementos que determinan una desaparición forzada de persona de 6 meses, y que al desaparecer Karhanyan con el arma provista por policía, de por sí ya se configura un delito (en el cual no está incurso su portador). Es de esperar que la Cámara del Crimen, ubique al juez como corresponde y que se determine su accionar en la pérdida de tiempo en la investigación, conforme al Código Penal y al Código de Procesamiento Penal. 

Respecto de las causales de la desaparición, pueden tenerse en cuenta un sinnúmero de hipótesis. Arshak se formó en el Colegio Militar, luego estudió informática y por esa especialización, entró a Cibercrimen de la Policía de la Ciudad. Aparentemente se negó a firmar un peritaje de análisis de las cámaras de seguridad del edificio Le Parc en el que murió Alberto Nisman. Por esta cuestión y muchas otras, habría tenido fuertes enfrentamientos con sus superiores, y luego como castigo, fue destinado a la División Exposiciones, que se ocupa de realizar allanamientos y cuestiones similares. Algunos policías comentan off the record,  que en el marco de esas operatorias hubo robos y venta de bienes requisados (cuestión muy común en los allanamientos). Y que Karhanyan iba a presentar una denuncia por esos hechos. Como siempre ocurre con estas cuestiones, los jefes policiales y varios malandras travestidos de periodistas, se dedicaron a ensuciar a la víctima y sembrar todo tipo de disparates: que era gay, que debía dineros por ser un jugador compulsivo, que era adicto a distintos estupefacientes y otras miserias similares, más otros disparates como que había huido a Paraguay o a Armenia, país en el cual nació.


Lamentablemente, no puedo dejar de mencionar la opinión de un ex jefe policial muy ducho en estas cuestiones: “el pibe vio algo que no tenía que ver, por eso lo chuparon los polis gratas” (grata en términos policiales significa ladrón). 


El día 16.4.19 publiqué una nota titulada “Jefes ineptos, pícaros y maltratadores: la Policía de Larreta, una suma de aberraciones”  (https://realpolitik.com.ar/nota/36824/la-policia-de-larreta--una-suma-de-aberraciones/).


En la misma describía la forma perversa y patética en la cual formaron los gobernantes de CABA, la Policía Metropolitana, luego devenida en Policía de la Ciudad. De hecho analizaba la paradoja, de que en la misma fuerza conviven miles de policías honestos, con buena parte de sus jefes inútiles, pícaros y otros vulgares bandidos. Que varios de los mismos tenían sencillamente prontuarios, que algunos habían sido exonerados de la Federal, y otros habían sido obligados a pedir su baja, como forma mafiosa de no denunciarlos penalmente. Mencioné en especial, el caso de un ex comisario, acusado de regentear varias cuevas de drogas y prostitución, en el barrio de Constitución. Y que muchos protegían tanto la venta de estupefacientes como la trata de personas. Que además a esos jefes, no les importaba en nada la situación de los policías en las calles, y que parecía incluso que en muchos casos buscaban policías muertos (jorrodblog.wordpress.com).

Conforme sostengo hace varias décadas, el policía es un trabajador, y conforme sucede en buena parte de los países avanzados, deben tener un sindicato que los defienda, aún a riesgo de que se incremente la fauna de nuevos burócratas sindicales. Como ciudadanos les caben los mismos derechos humanos que nos asisten a todos, si son víctimas de cualquier accionar ilegal o irregular del estado. En el caso de Arshak, seguramente sería otra la historia con un sindicato policial, y si bien no puede afirmarse que en ese caso no hubiera desaparecido, al menos su familia no estaría peleando casi en soledad con esos molinos de viento: la trama de bandidos travestidos de jefes, generando innumerables cadenas recaudatorias en base a los delitos, debidamente encubiertos por las autoridades políticas y por toda la estructura judicial mafiosa que padecemos, ya que todos esos sectores se alimentan de los delitos complejos y aún de los más simples.

Jorge O. Rodríguez. Economista. Analista de Narcotráfico y otros Delitos Complejos (jorrod03@yahoo.com.ar)

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